miércoles, 27 de mayo de 2020

Adolescentes en los noventa en Caravaca

Fue la década de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo 92, de la ruta del bakalao, de las “Spice Girls” y de “Nirvana”. De la “Macarena” y del cénit de grupos como “Héroes del silencio” y “El último de la fila”. De series como “El príncipe de Bel-Air”, “Lleno por favor” o “Farmacia de Guardia”. De taquillazos como “Terminator 2” o “Jurassic Park”. De la entrada de la LOGSE, del Barcelona de Stoichkov, Romario y Koeman. También la del Real Madrid de Zamorano y Amavisca, por supuesto la del Atlético de Madrid del doblete y de muchas cosas más que aquí sería imposible poner, la mayoría de grato recuerdo, otras no tanto.
Muchos de los que éramos adolescentes en esa época no podemos evitar retrotraernos a aquellos años estimulados por programas de televisión como “¿Dónde estabas entonces?”, en la Sexta, o eventos como el macroconcierto “Love the 90’s” que se lleva realizando por toda España en el último año y medio. Esos recuerdos nos traen imágenes, lugares y momentos a todos los que éramos adolescentes en aquellos años. Adolescentes que como en todos sitios tenían su centro de reunión y socialización que no era otro que el salón recreativo de turno.

En Caravaca llegamos a contar con tres a la vez; los Júpiter, cerca del instituto San Juan de la Cruz, el Casino, junto a la iglesia de la Compañía y el Daveli, en la Gran Vía. Estos últimos, por los menos en los años de mi plena adolescencia y en mi entorno eran los más concurridos. Allí afluíamos todos los fines de semana en masa (y también muchos durante la misma) a darle duro al “Street Fighter”, el “Snow brothers”, el “Double Dragon” el “Pang” o el “Tetris”, entre otros muchos títulos que todo amante de los videojuegos vintage tiene en su haber. Por supuesto también jugábamos al futbolín y unos pocos al billar, aunque de manera muy rudimentaria. Pero no solo el interés lúdico motivaba la asistencia dicho lugar; las hormonas provocaban los efectos propios de la edad y los enamoramientos juveniles, correspondidos o no hacían su acto de aparición en aquel lugar lleno de humo por los cigarrillos y con la música bakalao a bastante volumen y el griterío de la muchachada como banda sonora del local. Más tarde una procesión de zagales hormonados y cantarines se encaminaba a dar sus primeros pasos por la zona, lugar habitualmente bastante más concurrido que actualmente y que era el epicentro de marcha de buena parte de la juventud de la comarca del Noroeste. Nombres como Britif, Kábila u Hoyo 18 entre otros marcaron esos años. Estos eran los lugares donde predominantemente se arremolinaban los adolescentes que empezábamos a salir por aquellos años. El primero era una discoteca de bakalao que llegó a tener bastante relevancia a nivel regional (eran los años del boom del este género) y al que se desplazaban todos los fines de semana cientos de jóvenes de las poblaciones cercanas. La Kábila tenia por el contrario un ambiente más pachanguero y comercial, y luego estaba el Hoyo 18, más alternativo y rockero donde se podía oír desde a “Extremo Duro” a “Rage against the machine” u “Off Spring” hasta la BSO de “Trainspotting”, otra de las películas icónicas de la época (¿para cuándo la segunda parte?). Luego ya vino “La escalera” que estuvo funcionando hasta mitad de la década siguiente.
Pero no solo en la zona o recreativos socializabamos los adolescentes en aquellos años. Durante el buen tiempo las pistas deportivas Juan Carlos I eran un hervidero de chándals de táctel y carpetas con pegatinas de discotecas alicantinas o grupos de pop. Entonces no había tantas indumentarias oficiales como ahora, pero los que íbamos allí a darle cuatro patadas al balón nos creíamos en Wembley, aunque a menudo a muchos les interesaba más lo que había fuera de la pista que lo que había dentro. Otros lugares de encuentro eran el pabellón festero en los bailes del mes de abril (hasta cierta edad con control parental) o el Camino del Huerto en verano. Allí se celebraban cuervas multitudinarias a la luz de la luna en las que más de uno perdía la compostura y de donde también salían amoríos, como no podía ser de otra manera con esos ingredientes
Eran años de peinados a cazo, de cazadoras bomber, de camisas de felpa, de Levis 501, de gafas de alambre y de pelos lacados. Algunas de estas modas, por cierto han vuelto. También eran años en los que no teníamos móvil, ni Internet y la mayoría ni moto. Tampoco existía lo políticamente correcto, o por lo menos no a los niveles casi asfixiantes de ahora, ni sufríamos la indigestión por el exceso de estímulos audiovisuales actual, ni teníamos muchos bienes materiales que para el adolescente promedio de hoy son imprescindibles, y mi impresión es que teníamos la piel bastante más gruesa que la juventud actual. Con todo esto y a pesar de lo dicho en este último párrafo afirmo sin complejos un deseo imposible que muchos lectores ya habrán pensado y no es otro que; “si yo pudiera volver a esos años con lo que sé ahora…”.

LA SINIESTRA PROPAGANDA GOEBBELIANA. II PARTE.

Después de adelantar en el artículo anterior como la propaganda nazi, ideada por el ministro Joseph Goebbels, pudo convencer y casi hipnotizar a buena parte de la población alemana para atraerla a su criminal causa procederemos a comentar los pilares en la que se asentó la misma. Cabe decir que están muy lejos de estar enterrados en las arenas del tiempo; aislados o en su conjunto, con mayor o menos descaro, de manera involuntaria o premeditada se siguen utilizando en el mundo actual por diversos entes que van desde grandes multinacionales, dictaduras de diverso pelaje, sectas y religiones hasta partidos políticos o clubes de fútbol. Estos serían los  11 principios básicos;
1. Principio de simplificación y del enemigo único. En el caso de la Alemania nazi   eran claramente los judíos aunque también otros colectivos; comunistas, gitanos, testigos de Jehová y homosexuales.  A estos grupos se les achacaba todo mal que la patria y el pueblo pudieran sufrir.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. La dictadura de Stalin tampoco se quedó atrás en este aspecto; el calificativo de “enemigo del pueblo” a cualquier persona sospechosa de incluso matizar o mostrarse escéptico con el dogma oficial podría llevarle al gulag o el asesinato con nulas garantías judiciales. Recomendable, por cierto la novela de Arthur Koestler “El cero y el infinito” para conocer mejor este aspecto.
3.- Principio de transposición. Cargar sobre el adversario los propios fallos, respondiendo al ataque con ataques similares. De esto tenemos todos los días desgraciadamente en la política actual. Es el famoso “y tú más”, que lleva a la crispación y a la ausencia de soluciones reales a los problemas de la ciudadanía.
4. Principio de exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. Este principio fue utilizado como señuelo en la Alemania en enero 1933, con el incendio del Reichstag para imponer la dictadura nazi o iniciar la tristemente célebre “noche de los cristales rotos” en noviembre de 1938 
5.- Principio de vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Debe ser, intensa, emocional, que eleve los sentimientos y revolucione las hormonas. En esta época 2.0, la de la hegemonía de las redes sociales, miles de vídeos y mensajes simplistas campan a sus anchas disparando ráfagas diarias de este principio en sus más variadas formas que enlaza con el siguiente.
6.- Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente”. Y aquí los ejemplos actuales también son inabarcables; desde los eslóganes publicitarios que no se nos olvidan en años por estúpidos que sean o las ideas demagógicas y simplistas de diversos dirigentes políticos; que si vienen a quitarnos los puestos de trabajo, que si España nos roba, que si esto va a ser Venezuela.. La conocidísima afirmación “si una mentira se repite el suficientemente número de veces, acaba por convertirse en verdad” define a la perfección este principio.
7. Principio de renovación. Emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Y este se lleva la palma en la actualidad con el fenómeno de la “infoxicación”. Es decir, un auténtico torrente de noticias por distintos medios y a tal velocidad que resulta imposible analizar y contrastar, quedándose el público con el titular, siempre susceptible de ser mangoneado por el emisor.
8. Principio de verosimilitud. Argumentar a partir de fuentes diversas, de  globos sonda o de informaciones fragmentarias. O simplemente decir lo que sería toda la vida ver la paja en el ojo ajeno, muy propio de sociedades actuales en las que prima lo políticamente correcto (que es una forma refinadísima y elaborada de dictadura). Véase el linchamiento que sufrido por Justin Trudeau, primer ministro canadiense acusado de apropiación cultural, que por cierto es uno de los términos más disparatados y grotescos inventados por la izquierda posmoderna norteamericana.
9. Principio de silenciación. Silenciar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario. Este es un principio básico que explica el motivo por el que las distintas formas de poder (gobiernos, grandes corporaciones…) están interesados en el control de los medios de comunicación.  
10. Principio de transfusión. La propaganda puede operar a partir de un sustrato preexistente; una mitología nacional, prejuicios tradicionales, tópicos… El antisemitismo en Alemania no era ni mucho un fenómeno nuevo cuando los nazis llegaron al poder, ya estaba arraigado en el mismo nacionalismo alemán del siglo XIX y en algunas personalidades de la alta cultura como Wagner. 
11. Principio de unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”. Todos alguna vez hemos vivido esta situación en mayor o menor medida. En la coyuntura actual no puedo dejar de referirme al separatismo catalán, como utilizando los medios públicos y afines, así como la educación (este uso pernicioso de la educación ha llegado incluso a la ONU) intenta mandar un mensaje contundente a la sociedad catalana y al resto de España, de que el ciudadano catalán debe pensar de una manera determinada o para serlo, a riesgo de ser considerado una “rara avis”, lo cuál lleva implícito una peligrosa dinámica.
La capacidad de mantenerse lúcido contra este tipo de mensajes es difícil,  y se antoja casi imposible hoy en día con las noticias fake, el exceso de información, el bulo y el predominio de gurús que  todo lo saben en las redes sociales, que no dejan de ser muchas veces plazas llenas de griterío, como la que eligió a Barrabás antes que a Jesucristo, lo cual demuestra que la psiqué colectiva en ocasiones no cambia tanto con el paso de los siglos. ¿La única vacuna?. Pues yo no lo sé, pero quizás hacer de la cultura un asunto de Estado más importante que los triunfos deportivos patrios y el fomento de las Humanidades en la enseñanza para dotar al ciudadano de un potente poso cultural y espíritu crítico que impida que la democracia se convierta en una turba dirigida por iluminados como un pastor lleva a las cabras podría ser un buen comienzo.

La puesta en escena nazi fue tremendamente eficaz a la hora de entusiasmar a sus partidarios y atemorizar a sus detractores.