sábado, 31 de enero de 2026

Entrevista a José Ángel Castillo Lozano

 Juan Antonio Sánchez Giménez entrevista a José Ángel Castillo Lozano, autor de La sacralización de la guerra en el mundo visigodo. Ceremonias, ritos y símbolos.


José Ángel Castillo Lozano (1991) es graduado en Historia en la Universidad de Murcia. En la actualidad es profesor de secundaria (funcionario de carrera) y doctor con mención Cum laude en historia con una tesis sobre la figura del tirano en la tradición literaria visigoda. Por dicho motivo, es especialista en el mundo de la Antigüedad Tardía del cual ha publicado recientemente una monografía sobre los usurpadores en el reino visigodo, casi una veintena de artículos, capítulos de libros reseñas y posters en revistas especializadas y ha asistido a numerosos congresos en calidad de comunicante y de oyente. Ha participado en los proyectos de investigación de Begastri (Cehegín, Murcia) y del Martyrium de la Alberca (Murcia). De igual modo, forma parte del equipo de investigación “Antigüedad y Cristianismo” (Grupo De Investigación UMU E041-04) y, recientemente, ha ganado el premio de investigación “Pedro Salinas” en humanidades concedido por la UNED. Como profesor fue para mí un inmenso placer haber coincidido con él en es IES San Juan de la Cruz desde 2019 hasta 2022. A continuación se desglosa una entrevista sobre la temática sobre la que es especialista el mundo visigodo)


¿Qué te llevó a interesarte por el mundo visigodo?

Realmente, cuando entré en la carrera de historia, era un gran apasionado de la historia republicana romana. Me alucinaba las andanzas de personajes como Cornelio Escipion “El africano”, Sila o Sertorio. Sin embargo, a medida que fui avanzando en mis estudios, cada vez fui contemplando más esos periodos de transición y el interés que despertaban. Finalmente, y posiblemente influenciado por el magisterio de un profesor de la Universidad de Murcia (José Antonio Molina), al que tanto debo, me terminé especializando en eso que se llama Antigüedad Tardía, que no deja de ser un periodo bisagra entre el final de la Antigüedad y el inicio de la Edad Media.


¿Crees que es una etapa histórica a la que se ha dado poca relevancia?

Pues no sabría responderte a esto, puesto que el pasado visigodo ha estado muy presente en toda la historia peninsular, desde el inicio de los reinos cristianos del norte, pasando por los Austrias durante los S. XVI y XVII, y por supuesto con la imposición de los Borbones en el S. XVIII (véase por ejemplo el complejo escultórico de la Plaza de Oriente de Madrid). Sin embargo, es cierto que el estudio de esta sociedad en la actualidad está un tanto denostado, no sé si por la relación que tuvo con el franquismo que avaló al reino visigodo como la primera manifestación de España o por ese mito “memorístico” de la lista de los reyes godos.


¿Qué mitos de uso común crees se pueden desmentir sobre el periodo visigodo?

Muchísimos, no era esa sociedad de bárbaros que siempre se ha querido ver. Me refiero, siempre ha existido la imagen que, tras la caída del Imperio romano de Occidente, toda Europa caía en las garras del oscurantismo, la superstición y el radicalismo religioso. Y esto no es así, la Edad Media, simplemente, es un periodo diferente. En lo relacionado con el pueblo visigodo, efectivamente, esta dinámica se cumplió. Sin embargo, cuando uno raspa la superficie y acude a los testimonios de la época, nos damos cuenta que esto era muy diferente. Así sobresalen, por ejemplo, eruditos de la talla de Isidoro de Sevilla, grandes complejos palaciegos como el de Los Hitos en Toledo u obras de orfebrería tan exquisitas como el tesoro de Guarrazar.


¿Qué te ha llevado a escribir este libro?

La pregunta es compleja. Yo me doctoré en la Universidad de Murcia en diciembre del año 2018 con una tesis sobre la figura del tirano/usurpador en la tradición literaria de este reino. En la conformación de dicho trabajo, me surgieron mil y una incógnitas. Esto es lo bonito del mundo de la investigación, que por cada pregunta que contestas, aparecen otras diez que necesitas responder. Así surgió este tema, porque a medida que estudiaba esta arquetípica figura del usurpador, me fui dando cuenta que subyacía de fondo un pensamiento de base teocrática que marcaba el resultado de las guerras y de las contiendas bélicas por medio de la voluntad divina, y que, en relación con ello, aparecían toda una serie de símbolos, ritos y ceremonias que dotaban de sacralidad al mundo de la guerra. A raíz de esto, empecé a investigar, fue publicando algunos artículos sobre esta temática, y finalmente cuando fui a darme cuenta, tenía un ensayo sobre este tema que presenté a los Premios Pedro Salinas de la UNED y que, tras ganar este premio, decidí publicar como libro con la Editorial Ergástula.


Sobre la sacralización de la guerra en el mundo visigodo; ¿influyó posteriormente en los reinos cristianos hispánicos?

Por supuesto, hay muchos relatos sobre, por ejemplo, la batalla de Covadonga que cogen elementos visigodos. Sin ir más lejos, se me viene a la mente un documento llamado “Misa de Hostibus” (que estudio en el presente libro) que tiene una serie de elementos literarios que luego prácticamente se calcan en la conformación de ese mito fundacional que es la batalla de Covadonga. En resumen, el pensamiento historiográfico y político visigodo traspasará fronteras cronológicas y lo adoptarán los reinos del norte. No en vano, hay un intento legitimador por parte de estos reinos por hacerse pasar como los legítimos herederos del reino toledano, basta simplemente con leer fuentes como la Crónica de Alfonso III.


¿Qué aspectos crees que están aún por investigar sobre los visigodos en España?

Por supuesto, aún queda muchísimo camino por recorrer. Yo con este libro he intentado desvincularme de los estudios positivistas que me preceden e intentar comprender las mentes y la ideología que hay detrás de los grandes intelectuales de este reino. Por lo tanto, a tu pregunta, mi respuesta es contundente: queda muchísimo trabajo por delante.






martes, 20 de enero de 2026

LA SUSTANCIA. UNA PELÍCULA INCÓMODA.


 Hace unos pocos días, estando en casa, tuve la oportunidad de visualizar en la plataforma

Filmin la que es uno de los estrenos cinematográficos más sonados de Hollywood en 2024 y

que no deja indiferente a nadie. Se trata de "La sustancia",  dirigida por Coralie Fargeat, y

protagonizada por Demi Moore (Elisabeth Sparkle) y Margaret Qualley (Sue).  A modo de

sinopsis La Sustancia' es la  historia  de 'Elisabeth Sparkle' una actriz y estrella de la

televisión que pierde su trabajo sobre los 50 años  y que comienza a tomar una droga del

mercado negro para crear "la mejor versión de sí misma".

La extraña sustancia que comienza a consumir replica las células humanas, convirtiéndola en una versión renovada de si misma y brindándole juventud, frescura y energía. Esta versión renovada de Elisabeth es 'Sue', , una joven que piensa recuperar el esplendor de una Elisabeth Sparkle ya desnortada. Para conseguir este objetivo, las  dos mujeres (que es en realidad una) solo deben seguir las simples pero severas reglas de la empresa clandestina que fabrica la 'sustancia'. Y una de las más simples de todas, a la par de rígida, es que se tienen que alternar la existencia durante una semana exacta, ni un día más; una semana Elisabeth, estrella en decadencia, y  a la otra, Sue fulgurante astro televisivo del momento. La armonía entre las dos (que son la misma persona) dura poco, pues la veterana actriz intenta mantenerse en pie, pero choca con la creciente adicción de Sue al éxito y la fama. 

Más allá de lo desagradable que puedan ser varias escenas de la película (terror corporal), o de que destelle (desde mi punto de vista de manera magistral)  planos y escenas inspirados en clásicos del terror como Psicosis, El resplandor, La cosa o Carrie, lo realmente poderoso e impactante es la crítica sin complejos a la sociedad actual, con el culto a lo efímero y banal, la adicción a la aprobación y atención ajena y como se ceba el descarnado mundo del espectáculo con la utilización de la belleza femenina como producto de consumo y mercantilización. 

Bajando a lo terrenal y fuera de Hollywood el planteamiento también se puede aplicar a esta sociedad nuestra de lo vacío, lo superficial y lo hedonista, características cada vez más acusadas en la actualidad. Por ejemplo, se ve con absoluta normalidad que un concursante del programa La isla de las tentaciones sea más conocido entre amplias capas de la población que un escritor o un pintor, al menos lo que dure la edición de ese programa. Luego, a otra edición, se pone otro y ya está. ¿Eso es evolución o involución en una sociedad?. Ahí queda la pregunta. Y hablando metafóricamente, ¿cuál sería esa extraña sustancia que de manera ficticia hace que las personas se transformen en su mejor versión?; bellos, sonrientes, esbeltos, brillantes, carismáticos, ocurrentes... Podrían ser las redes sociales, con la adicción que crean a la atención ajena. Miles de fotos en posturas totalmente impostadas, atardeceres, copas de vino blanco, fotos desde lugares exóticos o monumentos icónicos que no se están disfrutando, y por supuesto filtros, más filtros, y frases motivacionales sacadas de autores new age, pero con menos consistencia filosófica que  un pedazo de pan mojado. Y mucho miedo a no estar en el candelero, a no estar a la altura de las expectativas ajenas, gente a la que en su mayoría importamos un carajo. Toda esta felicidad efímera y vacía la genera un simple "me gusta" o un corazoncito, que no dejan de ser unas simples lucecitas que generan una brevísima descarga de dopamina en el cerebro, conllevando una leve sensación de placer. Y eso es lo que nos domina a  la llamada especie elegida. Y es que en el mundo de los complejos, el filtro es el rey.




domingo, 2 de febrero de 2025

Vespasiano o el sentido común.

 Si alguna vez el lector ha paseado por las estrechas y viejas calles del centro de Roma, entre multitud de turistas y peregrinos, habrá podido ver en las también numerosas tiendas de recuerdos donde se venden imanes para frigoríficos o tazas, entre otros muchos souvenirs que tienen impresa la frase latina “pecunia non olet”. No es ni mucho menos la frase hecha en latín más famosa que nos ha dejado el legado romano, aunque su autoría se atribuye a un emperador, que tampoco ha sido de los más conocidos, en comparación con otros como Augusto, Nerón o Trajano. Estamos hablando de Vespasiano, primer emperador de la breve dinastía Flavia, que a pesar de durar solo veintisiete años, dejó un importantísimo legado a nivel artístico ( el Coliseo, entre otras muchas obras…) y jurídico (Hispania recibe el Derecho latino, y con ello la posibilidad de sus habitantes de recibir la ciudadanía romana, amén de dejar sellada de manera oficial la titulatura imperial).

Tito Flavio Vespasiano, que era su nombre completo, llegó al poder tras la guerra civil que estalló tras el asesinato de Nerón y el llamado año de los tres emperadores, Galba, Otón y Vitelio (69 d.C). Fue aclamado como emperador por las tres legiones que comandaba en la revuelta de Judea; la práctica de la aclamación de los generales como emperadores por parte de las legiones sería frecuente hasta el final del imperio. Pero lo que hace peculiar a Vespasiano, como podemos ver, no es su forma de ascenso al poder, si no la manera de gestionar el gobierno de un imperio desgarrado por la inestabilidad política y la crisis económica. De orígenes campesinos emprendió una serie de reformas realistas y prácticas que necesitaba un Estado esquilmado por los disparates de Nerón y un año y medio de guerra civil. Aparte las numerosas esculturas en las que podemos ver un hombre de aspecto sencillo, macizo y calvo, sobre el carácter Vespasiano nos han llegado aseveraciones a través de historiadores como Dión Casio para quien se comportaba como un igual, incluso con un acusado sentido del humor. No obstante también estaba provisto de un fuerte sentido práctico y de la austeridad que plasmaría en su política económica, marcada en lo personal por una dura existencia de campesino en sus años jóvenes. Suetonio por su parte señala que hubo contemporáneos que lo tacharon de ávaro. No obstante también señala que utilizó el dinero de manera irreprochable restaurando cientos de ciudades que habían sido arruinadas por terremotos y fue el primero que dedicó cien mil sestercios anuales para maestros de retórica, entre otros logros. El legado visible más importante que nos dejó fue el anfiteatro Flavio, el popular Coliseo de Roma, finalizado por su hijo Tito. Un gobernante práctico y eficaz, cuya escasa afición al lujo, rechazo del despilfarro y certera gestión financiera permitieron la inversión de gigantescos medios en obras de interés público, con óptimos efectos para la recuperación económica general de Roma, y por qué no decirlo, cuyos beneficios perduran hasta el presente; de hecho el Coliseo es visitado actualmente por millones de personas anualmente.

Es sobre esta manera de hacer la que pasó a la historia la antes mencionada frase latina “pecunia non olet” (el dinero no huele). Se basa en un relato de Suetonio según el cual su hijo Tito le recriminaba haber decretado un impuesto sobre la orina. Vespasiano le pasó delante de la nariz el primer dinero cobrado por el nuevo impuesto preguntándole si olía mal, a lo que Tito contestó que no. Vespasiano le contestó; “sin embargo no huele”.

De la Historia Antigua, sobre todo de Grecia y Roma podemos extraer valiosísimas lecciones, al ser los cimientos de nuestra cultura. No solo nos han dejado en los anales personajes megalómanos y siniestros como Nerón, Calígula o Heliogábalo. Otros personajes como Vespasiano, aunque con la austeridad que le era propia también han hecho Historia y son un ejemplo positivo de buen gobierno, un espejo en el que mirarse, y por qué no, extraer lecciones prácticas que la nunca caduca civilización grecolatina nos puede aportar como herederos suyos que somos.


Publicado en El Noroeste el 20 / 02 / 2024

viernes, 24 de marzo de 2023

Día de la romanidad. 2078.

 Surgida como iniciativa cultural a finales de la década de los años diez del siglo XXI, el día de la romanidad (4 de septiembre, día que se tiene como referencia de la caída del imperio romano de Occidente), fue instituido como día de fiesta cívica y cultural en 2028 en buena parte de los países de Europa, tomando especial relevancia en países como España, Francia, Portugal, Italia, Croacia, Suiza, Rumanía o Bélgica, celebrándose también en otros países europeos y ribereños del Mediterráneo. 


Muchos fueron los esfuerzos realizados y puertas a las que tuvieron que llamar las entidades organizadoras, en principio asociaciones culturales e instituciones académicas para que la idea fuera calando entre la población y las instituciones políticas apoyaran sin fisuras dicha festividad como reconocimiento al legado clásico, base de nuestra cultura, lengua e instituciones. Dichas conmemoraciones dieron sus frutos y dieron lugar a una estrecha colaboración entre buena parte de los países europeos, y algunos norteafricanos como Marruecos, así como de Oriente Medio como Líbano o Turquía, más centrados en la investigación y promoción del legado arqueológico y monumental. Se celebraban en diversas universidades e instituciones académicas congresos y seminarios, acudiendo incluso jefes de Estado a dichos eventos, con nuevos descubrimientos para mayor gloria de la difusión del legado de la ecúmene romana entre sus pueblos herederos. La celebración de la romanidad fue a más, celebrándose todo tipo de actos como teatro, recreaciones históricas, desfiles de legiones y un largo etcétera, todo en un marco festivo, llegándose a vivir en algunas ciudades europeas con gran pasión y generando turismo, intercambios académicos y por tanto acercamiento entre pueblos con una raíz común, y a la par prosperidad económica. 


Sin embargo, y al calor de la llamada corrección política y los movimientos identitarios  de todo tipo que asolan Europa y el mundo occidental desde el advenimiento del siglo XXI, sobre los años 60 del siglo empezaron a organizarse encuentros y charlas patrocinados por grupúsculos identitarios de diversa índole y en especial en algunos países como Italia y España con el objetivo de cuestionar el legado romano y plantearse su legitimidad e incluso su existencia. En un principio, siendo minoritarios y de cara al gran público estas iniciativas de revisión de la Historia se planteaban como una defensa del pacifismo; se condenaba el militarismo romano y la violencia ejercida sobre los pueblos conquistados, así como la esclavitud y las injusticias sociales (que ningún académico ni estudioso jamás negó), en un claro y lamentable ejercicio de presentismo histórico , y como si la sociedades de la Antigüedad hubieran sido una balsa de aceite hasta la llegada de las maléficas águilas romanas en busca de oro y esclavos. Sociedades como la cartaginesa, donde se sacrificaban ritualmente niños recién nacidos, o la celta, especialmente inclinada al saqueo y la guerra son solo un ejemplo de ello, aspecto que se empeñan en explicar  profesores y especialistas en los medios de comunicación, con escasa atención por parte de algunos receptores. Pero las consideraciones acerca de la época y el principio básico para entender la Historia de que no se puede juzgar el pasado con ojos del presente ya daban igual. La hidra del identitarismo era la moda, lo cool y lo políticamente correcto, y conforme se acercaba el 50 aniversario, los contrarios de la celebración del dia de la romanidad se mostraba más activos e intransigentes. En Italia, algunas asociaciones y partidos políticos minoritarios exigían que el presidente de la república pidiese perdón a los pueblos masacrados, sojuzgados y saqueados por el imperio romano, con escasa fortuna, por cierto. Se perpetraron algunos actos vandálicos contra monumentos tan significativos como el Coliseo o la columna trajana, llegando incluso a proponerse por parte de colectivos llamados así mismos antiimperialistas ir implementando poco a poco el desaparecido idioma etrusco en la Toscana para hacer de la misma en un plazo de 20 años la lengua única de la región, arrinconando al italiano, lengua que provenía del latín del opresor romano. Todo ello por supuesto estaba aliñado con acalorados debates en las redes sociales, donde cada usuario era por supuesto un experto historiador del mundo antiguo, fenómeno que por supuesto trascendió de Italia, dándose el fenómeno en varios países europeos, pero nunca con la intensidad italiana y mucho menos la española. En España el fenómeno se fue haciendo hueco entre ciertas asambleas de estudiantes de algunas   facultades universitarias, y no faltaron los políticos, ávidos de aprovecharse del mismo, de esa adrenalina juvenil que da el hecho de pertenecer a algo y resarcir una serie de injusticias y violencias milenarias que estaban esperando a ser reparadas. Para la totalidad de especialistas en la materia (catedráticos, profesores, arqueólogos, filólogos…) era un disparate, una pesadilla sacada de algún libro del estilo de Fahrenheit 451, afirmando y lamentando que las causas de este esperpento en el que se veían envueltos una buena cantidad de universitarios y jóvenes políticos eran el fruto envenenado del absoluto desprecio de los diversos gobiernos hacia las Humanidades en los sistemas educativos. No obstante, durante décadas se habían ido apartando la Historia, el Arte, las lenguas clásicas, la Literatura y la Filosofía. Con la casi eliminación de las mismas se privaba a los estudiantes no solo de cultura general, sino también de la capacidad analítica de relacionar el pasado con el presente, apreciar las manifestaciones artísticas, organizar el pensamiento abstracto, conocer adecuadamente los rudimentos de la lengua o de apreciar la literatura y procesar y comprender textos complejos (de hecho lectura de tuits era la principal fuente de información de estos jóvenes).





 Pero a estas alturas todas estas consideraciones ya daban igual. Lo importante era resarcir a los pueblos víctimas del imperio romano y recuperar las identidades perdidas. Así pues, los debates académicos que anualmente se celebraban con motivo del día de la romanidad eran sistemáticamente víctimas del boicot y la censura utilizando para ellos las redes con hastags del tipo #Romacriminal, #Escipiónalparedón o #JulioCésarasesino, lanzados por una organización llamada KFRPEE (Koordinadora Fuera Romanos de los Pueblos del Estado Español). La cuestión empezó a tomar mayor empaque, y en algunas zonas de España como Galicia, estos grupos comenzaron a reivindicar la lengua celta como propia, tomando como base el irlandés, llegando a pedir a la UNESCO que quitará del listado del Patrimonio de la Humanidad las murallas de Lugo, “al representar la opresión romana sobre las libertades del pueblo galaico, que ya entonces se organizada en comunas autogestionadas, igualitarias y democráticas”, tal y como rezaba el manifiesto que enviaron al organismo internacional. Asimismo, en Mérida se exigió al ayuntamiento de la ciudad que el templo de Diana pasase a llamarse templo de Endovélico, dios-jabalí de algunos pueblos celtíberos para reafirmar a los pueblos originarios del oeste peninsular, entre otras “heroicas” acciones.


En los acalorados debates en el Congreso de los Diputados los grupos que apoyaban la causa antirromana leían tuits de usuarios indignados por la presencia de huellas del imperialismo romano en nuestras calles como irrefutable argumento de peso y autoridad. Para añadir tensión en las tertulias televisivas algunos periodistas muy populares en ese momento gritaban histriónicamente, y casi al borde de las lágrimas denunciando el dolor que tuvieron que pasar los numantinos o los cántabros durante la despiadada invasión romana. 
Pero lo peor estaba por llegar; calentados los ánimos por los intensos y sesudos debates en el Congreso, la televisión y las redes, estatuas como la de Augusto en Zaragoza fueron derribadas al grito de “Augusto fascista”, a pesar de la oposición de la mayoría de la población, y de la impotencia de la policía, que no podía contener a la masa de universitarios pertenecientes a la  KFRPEE, que habían convocado una jornada de lucha el 4 de septiembre de 2078. No fue el único monumento vandalizado. Acapararon las portadas de los diarios las pintadas en el acueducto de Segovia, y el lanzamiento de huevos podridos contra las ruinas de Tarraco, así como la retirada de placas de calles y plazas que tuvieran reminiscencias romanas en algunas ciudades, todo con la aquiescencia de algunos alcaldes que pretendían sacar tajada. Famosos fueron también los incidentes acaecidos ese año de 2078 en el paraninfo de la Complutense al inicio del curso (sí, Complutense de la Complutum romana), donde jóvenes de KFRPEE exigieron a gritos la abolición de los estudios de filología clásica y eliminar de la biblioteca de la universidad obras que consideraban que recordaban la opresión romana; Virgilio, Tito Livio, Salustio, Tácito u Ovidio entre muchos otros debían salir para siempre de la facultad.


Afortunadamente todo este relato es ficción, una suerte de pequeña distopía. A ningún político en su sano juicio se le ocurriría actuar de la forma en la que se parodia en este escrito, haciendo orgullosamente gala de su alto grado de desconocimiento de la Historia para sacar tajada u ocultar intereses inconfesables. Sería también imposible hoy en día en la sociedad tal manifestación de  presentismo, exageraciones, estupideces en bucle y analfabetismo histórico, y menos aún por gente medianamente preparada y con un mínimo de interés por la Historia. ¿Verdad que no?. 




Publicado en el periódico El Noroeste el 14-10-2021. https://elnoroestedigital.com/dia-de-la-romanidad-2078-2/

miércoles, 27 de mayo de 2020

Adolescentes en los noventa en Caravaca

Fue la década de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo 92, de la ruta del bakalao, de las “Spice Girls” y de “Nirvana”. De la “Macarena” y del cénit de grupos como “Héroes del silencio” y “El último de la fila”. De series como “El príncipe de Bel-Air”, “Lleno por favor” o “Farmacia de Guardia”. De taquillazos como “Terminator 2” o “Jurassic Park”. De la entrada de la LOGSE, del Barcelona de Stoichkov, Romario y Koeman. También la del Real Madrid de Zamorano y Amavisca, por supuesto la del Atlético de Madrid del doblete y de muchas cosas más que aquí sería imposible poner, la mayoría de grato recuerdo, otras no tanto.
Muchos de los que éramos adolescentes en esa época no podemos evitar retrotraernos a aquellos años estimulados por programas de televisión como “¿Dónde estabas entonces?”, en la Sexta, o eventos como el macroconcierto “Love the 90’s” que se lleva realizando por toda España en el último año y medio. Esos recuerdos nos traen imágenes, lugares y momentos a todos los que éramos adolescentes en aquellos años. Adolescentes que como en todos sitios tenían su centro de reunión y socialización que no era otro que el salón recreativo de turno.

En Caravaca llegamos a contar con tres a la vez; los Júpiter, cerca del instituto San Juan de la Cruz, el Casino, junto a la iglesia de la Compañía y el Daveli, en la Gran Vía. Estos últimos, por los menos en los años de mi plena adolescencia y en mi entorno eran los más concurridos. Allí afluíamos todos los fines de semana en masa (y también muchos durante la misma) a darle duro al “Street Fighter”, el “Snow brothers”, el “Double Dragon” el “Pang” o el “Tetris”, entre otros muchos títulos que todo amante de los videojuegos vintage tiene en su haber. Por supuesto también jugábamos al futbolín y unos pocos al billar, aunque de manera muy rudimentaria. Pero no solo el interés lúdico motivaba la asistencia dicho lugar; las hormonas provocaban los efectos propios de la edad y los enamoramientos juveniles, correspondidos o no hacían su acto de aparición en aquel lugar lleno de humo por los cigarrillos y con la música bakalao a bastante volumen y el griterío de la muchachada como banda sonora del local. Más tarde una procesión de zagales hormonados y cantarines se encaminaba a dar sus primeros pasos por la zona, lugar habitualmente bastante más concurrido que actualmente y que era el epicentro de marcha de buena parte de la juventud de la comarca del Noroeste. Nombres como Britif, Kábila u Hoyo 18 entre otros marcaron esos años. Estos eran los lugares donde predominantemente se arremolinaban los adolescentes que empezábamos a salir por aquellos años. El primero era una discoteca de bakalao que llegó a tener bastante relevancia a nivel regional (eran los años del boom del este género) y al que se desplazaban todos los fines de semana cientos de jóvenes de las poblaciones cercanas. La Kábila tenia por el contrario un ambiente más pachanguero y comercial, y luego estaba el Hoyo 18, más alternativo y rockero donde se podía oír desde a “Extremo Duro” a “Rage against the machine” u “Off Spring” hasta la BSO de “Trainspotting”, otra de las películas icónicas de la época (¿para cuándo la segunda parte?). Luego ya vino “La escalera” que estuvo funcionando hasta mitad de la década siguiente.
Pero no solo en la zona o recreativos socializabamos los adolescentes en aquellos años. Durante el buen tiempo las pistas deportivas Juan Carlos I eran un hervidero de chándals de táctel y carpetas con pegatinas de discotecas alicantinas o grupos de pop. Entonces no había tantas indumentarias oficiales como ahora, pero los que íbamos allí a darle cuatro patadas al balón nos creíamos en Wembley, aunque a menudo a muchos les interesaba más lo que había fuera de la pista que lo que había dentro. Otros lugares de encuentro eran el pabellón festero en los bailes del mes de abril (hasta cierta edad con control parental) o el Camino del Huerto en verano. Allí se celebraban cuervas multitudinarias a la luz de la luna en las que más de uno perdía la compostura y de donde también salían amoríos, como no podía ser de otra manera con esos ingredientes
Eran años de peinados a cazo, de cazadoras bomber, de camisas de felpa, de Levis 501, de gafas de alambre y de pelos lacados. Algunas de estas modas, por cierto han vuelto. También eran años en los que no teníamos móvil, ni Internet y la mayoría ni moto. Tampoco existía lo políticamente correcto, o por lo menos no a los niveles casi asfixiantes de ahora, ni sufríamos la indigestión por el exceso de estímulos audiovisuales actual, ni teníamos muchos bienes materiales que para el adolescente promedio de hoy son imprescindibles, y mi impresión es que teníamos la piel bastante más gruesa que la juventud actual. Con todo esto y a pesar de lo dicho en este último párrafo afirmo sin complejos un deseo imposible que muchos lectores ya habrán pensado y no es otro que; “si yo pudiera volver a esos años con lo que sé ahora…”.

LA SINIESTRA PROPAGANDA GOEBBELIANA. II PARTE.

Después de adelantar en el artículo anterior como la propaganda nazi, ideada por el ministro Joseph Goebbels, pudo convencer y casi hipnotizar a buena parte de la población alemana para atraerla a su criminal causa procederemos a comentar los pilares en la que se asentó la misma. Cabe decir que están muy lejos de estar enterrados en las arenas del tiempo; aislados o en su conjunto, con mayor o menos descaro, de manera involuntaria o premeditada se siguen utilizando en el mundo actual por diversos entes que van desde grandes multinacionales, dictaduras de diverso pelaje, sectas y religiones hasta partidos políticos o clubes de fútbol. Estos serían los  11 principios básicos;
1. Principio de simplificación y del enemigo único. En el caso de la Alemania nazi   eran claramente los judíos aunque también otros colectivos; comunistas, gitanos, testigos de Jehová y homosexuales.  A estos grupos se les achacaba todo mal que la patria y el pueblo pudieran sufrir.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. La dictadura de Stalin tampoco se quedó atrás en este aspecto; el calificativo de “enemigo del pueblo” a cualquier persona sospechosa de incluso matizar o mostrarse escéptico con el dogma oficial podría llevarle al gulag o el asesinato con nulas garantías judiciales. Recomendable, por cierto la novela de Arthur Koestler “El cero y el infinito” para conocer mejor este aspecto.
3.- Principio de transposición. Cargar sobre el adversario los propios fallos, respondiendo al ataque con ataques similares. De esto tenemos todos los días desgraciadamente en la política actual. Es el famoso “y tú más”, que lleva a la crispación y a la ausencia de soluciones reales a los problemas de la ciudadanía.
4. Principio de exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. Este principio fue utilizado como señuelo en la Alemania en enero 1933, con el incendio del Reichstag para imponer la dictadura nazi o iniciar la tristemente célebre “noche de los cristales rotos” en noviembre de 1938 
5.- Principio de vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Debe ser, intensa, emocional, que eleve los sentimientos y revolucione las hormonas. En esta época 2.0, la de la hegemonía de las redes sociales, miles de vídeos y mensajes simplistas campan a sus anchas disparando ráfagas diarias de este principio en sus más variadas formas que enlaza con el siguiente.
6.- Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente”. Y aquí los ejemplos actuales también son inabarcables; desde los eslóganes publicitarios que no se nos olvidan en años por estúpidos que sean o las ideas demagógicas y simplistas de diversos dirigentes políticos; que si vienen a quitarnos los puestos de trabajo, que si España nos roba, que si esto va a ser Venezuela.. La conocidísima afirmación “si una mentira se repite el suficientemente número de veces, acaba por convertirse en verdad” define a la perfección este principio.
7. Principio de renovación. Emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Y este se lleva la palma en la actualidad con el fenómeno de la “infoxicación”. Es decir, un auténtico torrente de noticias por distintos medios y a tal velocidad que resulta imposible analizar y contrastar, quedándose el público con el titular, siempre susceptible de ser mangoneado por el emisor.
8. Principio de verosimilitud. Argumentar a partir de fuentes diversas, de  globos sonda o de informaciones fragmentarias. O simplemente decir lo que sería toda la vida ver la paja en el ojo ajeno, muy propio de sociedades actuales en las que prima lo políticamente correcto (que es una forma refinadísima y elaborada de dictadura). Véase el linchamiento que sufrido por Justin Trudeau, primer ministro canadiense acusado de apropiación cultural, que por cierto es uno de los términos más disparatados y grotescos inventados por la izquierda posmoderna norteamericana.
9. Principio de silenciación. Silenciar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario. Este es un principio básico que explica el motivo por el que las distintas formas de poder (gobiernos, grandes corporaciones…) están interesados en el control de los medios de comunicación.  
10. Principio de transfusión. La propaganda puede operar a partir de un sustrato preexistente; una mitología nacional, prejuicios tradicionales, tópicos… El antisemitismo en Alemania no era ni mucho un fenómeno nuevo cuando los nazis llegaron al poder, ya estaba arraigado en el mismo nacionalismo alemán del siglo XIX y en algunas personalidades de la alta cultura como Wagner. 
11. Principio de unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”. Todos alguna vez hemos vivido esta situación en mayor o menor medida. En la coyuntura actual no puedo dejar de referirme al separatismo catalán, como utilizando los medios públicos y afines, así como la educación (este uso pernicioso de la educación ha llegado incluso a la ONU) intenta mandar un mensaje contundente a la sociedad catalana y al resto de España, de que el ciudadano catalán debe pensar de una manera determinada o para serlo, a riesgo de ser considerado una “rara avis”, lo cuál lleva implícito una peligrosa dinámica.
La capacidad de mantenerse lúcido contra este tipo de mensajes es difícil,  y se antoja casi imposible hoy en día con las noticias fake, el exceso de información, el bulo y el predominio de gurús que  todo lo saben en las redes sociales, que no dejan de ser muchas veces plazas llenas de griterío, como la que eligió a Barrabás antes que a Jesucristo, lo cual demuestra que la psiqué colectiva en ocasiones no cambia tanto con el paso de los siglos. ¿La única vacuna?. Pues yo no lo sé, pero quizás hacer de la cultura un asunto de Estado más importante que los triunfos deportivos patrios y el fomento de las Humanidades en la enseñanza para dotar al ciudadano de un potente poso cultural y espíritu crítico que impida que la democracia se convierta en una turba dirigida por iluminados como un pastor lleva a las cabras podría ser un buen comienzo.

La puesta en escena nazi fue tremendamente eficaz a la hora de entusiasmar a sus partidarios y atemorizar a sus detractores.

lunes, 30 de septiembre de 2019

El martes 17 de octubre el premio nacional de narrativa de 2017 recayó en el escritor donostiarra Fernando Aramburu por su último libro, Patria. Precisamente cuando me enteré tenía ya casi terminado este artículo para El Noroeste sobre el libro que me acompañó en el pasado mes de agosto, que me cautivó y que es sin duda los éxitos editoriales del año en España. Magníficamente redactado y organizado en 125 capítulos cortos que le dan  un ritmo trepidante es un maravilloso y también crudo fresco de una sociedad vasca desgarrada por el terrorismo hasta hace muy poco tiempo y cuyas heridas aún perduran. La historia tiene como eje a dos familias de una pequeña población de Guipúzcoa sin determinar, que bien podría ser cualquiera de los que forman parte de los feudos de la izquierda abertzale. Ambas familias, que en principio compartían una amistad íntima se separan cuando uno de los protagonistas (el Txato) recibe amenazas de ETA. Y es que el hijo mediano de la una de estas dos familias de amigos íntimos ingresa en la banda terrorista, claramente influenciado y llevado por el entorno del pueblo donde el mundo proetarra impone su orden y la omertá y el miedo son tan omnipresentes como la lluvia o el verdor de los montes. 

Abundante en escenas costumbristas y dando saltos en el tiempo recrea como nadie los diversos ambientes en los que se mueve la trama; desde el casco viejo de San Sebastián a las fiestas de los pueblos que sirven como escaparate a la banda criminal, pasando por la Bretaña francesa, Mallorca o Zaragoza. Ambientes y momentos plasmados con tal certeza que pueden causar al lector un nudo en la garganta de tristeza o indignación, amen también de una media sonrisa ante situaciones en las que aparece el rostro humano y amable de la vida, sea cual sea la situación.

Pero motivo por el que considero Patria como una obra muy recomendable es la necesidad del reconocimiento y de no olvidar a las miles de personas que han sufrido esta barbarie. Afortunadamente el terrorismo ha cesado y aunque se habla de la derrota de ETA, la impunidad y el blanqueo de la barbarie parece abrirse paso en medio de una amnesia colectiva. Quedan aún 300 casos sin resolver (Iñaki Arteta ha dirigido recientemente un documental con dicho nombre que es un grito por la justicia), por no hablar del éxodo de los aproximadamente 200.000 ciudadanos vascos que han tenido que dejar su tierra debido a la presión de la banda y su entorno. Y es que las amenazas, pintadas, miradas de odio, insultos diarios incluso profanaciones de tumbas de víctimas (por ejemplo la de Gregorio Ordoñez) tuvieron algunos de los efectos que sus autores deseaban; es decir, la limpieza ideológica de la sociedad vasca y buena parte de la navarra. Con la alteración censo electoral se lograría  conformar una sociedad completamente nacionalista tal y como el propio Arnaldo Otegi afirmaba con gran desazón cuando se anunció en 2013 la reforma que permitiría votar en las elecciones vascas  a las personas huidas por la persecución y acoso de la banda “Claro, ¡todos los txakurras pueden votar! Claro ¿Qué va a venir, la Guardia Civil aquí?... y todas sus putas familias. Sí, claro, claro”.  He aquí una auténtica declaración de intenciones de este criminal que ahora pretenden desde ciertos sectores ideológicos hacer pasar por político respetable y represaliado por el Estado español. Hacia la misma línea (y es solo otro ejemplo entre muchos) iban las declaraciones de la vergonzosa entrevista realizada por el diario El Mundo en octubre de 2014 al terrorista Josu Zabarte llamado El carnicero de Mondragón (condenado a 29 años de cárcel por 17 asesinatos); ¡Cuando pasas la vida en prisión, la duda es cómo encontrarás la calle y cuando llegas a la calle, te das una vuelta por aquí y por Navarra, y piensas ¡qué satisfacción!.

Con la lectura del Patria y su cotejo con estas y otras noticias uno se pregunta muchas cosas; si esta son las sensaciones del terrorismo etarra aparte de estar en las instituciones, ¿de qué derrota se habla?. ¿En cuantos lugares se rinde homenaje a estos asesinos impunemente como si fueran héroes?. ¿En cuantos lugares han logrado llegar gobernar (y siguen gobernando) sus marcas blancas gracias a esta limpieza étnica?. ¿Por qué hay gente que tiene la vileza (y no solo en el entorno abertzale) de poner a la misma altura a una víctima que a un asesino etarra?. ¿Cómo llevan el día a día las víctimas que viven en lugares donde se pueden cruzar en la panadería al asesino de su padre, por ejemplo?.

Es en definitiva Patria una lectura más que recomendable no solo por el mismo disfrute de su narrativa tremendamente ágil y adictiva, sino para conocer aquella realidad que es una buena parte de la Historia reciente de España, situaciones en las que nos podemos sentir identificados y reflexionar acerca de lo que es capaz de engendrar el fanatismo, el odio ciego y el adoctrinamiento,  y sobre todo si realmente ha terminado bien esta siniestra historia que en mayor o menor medida nos afectó y nos afecta al conjunto de la ciudadanía española.


Juan Antonio Sánchez Giménez.