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LA SUSTANCIA. UNA PELÍCULA INCÓMODA.


 Hace unos pocos días, estando en casa, tuve la oportunidad de visualizar en la plataforma

Filmin la que es uno de los estrenos cinematográficos más sonados de Hollywood en 2024 y

que no deja indiferente a nadie. Se trata de "La sustancia",  dirigida por Coralie Fargeat, y

protagonizada por Demi Moore (Elisabeth Sparkle) y Margaret Qualley (Sue).  A modo de

sinopsis La Sustancia' es la  historia  de 'Elisabeth Sparkle' una actriz y estrella de la

televisión que pierde su trabajo sobre los 50 años  y que comienza a tomar una droga del

mercado negro para crear "la mejor versión de sí misma".

La extraña sustancia que comienza a consumir replica las células humanas, convirtiéndola en una versión renovada de si misma y brindándole juventud, frescura y energía. Esta versión renovada de Elisabeth es 'Sue', , una joven que piensa recuperar el esplendor de una Elisabeth Sparkle ya desnortada. Para conseguir este objetivo, las  dos mujeres (que es en realidad una) solo deben seguir las simples pero severas reglas de la empresa clandestina que fabrica la 'sustancia'. Y una de las más simples de todas, a la par de rígida, es que se tienen que alternar la existencia durante una semana exacta, ni un día más; una semana Elisabeth, estrella en decadencia, y  a la otra, Sue fulgurante astro televisivo del momento. La armonía entre las dos (que son la misma persona) dura poco, pues la veterana actriz intenta mantenerse en pie, pero choca con la creciente adicción de Sue al éxito y la fama. 

Más allá de lo desagradable que puedan ser varias escenas de la película (terror corporal), o de que destelle (desde mi punto de vista de manera magistral)  planos y escenas inspirados en clásicos del terror como Psicosis, El resplandor, La cosa o Carrie, lo realmente poderoso e impactante es la crítica sin complejos a la sociedad actual, con el culto a lo efímero y banal, la adicción a la aprobación y atención ajena y como se ceba el descarnado mundo del espectáculo con la utilización de la belleza femenina como producto de consumo y mercantilización. 

Bajando a lo terrenal y fuera de Hollywood el planteamiento también se puede aplicar a esta sociedad nuestra de lo vacío, lo superficial y lo hedonista, características cada vez más acusadas en la actualidad. Por ejemplo, se ve con absoluta normalidad que un concursante del programa La isla de las tentaciones sea más conocido entre amplias capas de la población que un escritor o un pintor, al menos lo que dure la edición de ese programa. Luego, a otra edición, se pone otro y ya está. ¿Eso es evolución o involución en una sociedad?. Ahí queda la pregunta. Y hablando metafóricamente, ¿cúal sería esa extraña sustancia que de manera ficticia hace que las personas se transformen en su mejor versión?; bellos, sonrientes, esbeltos, brillantes, carismáticos, ocurrentes... Podrían ser las redes sociales, con la adicción que crean a la atención ajena. Miles de fotos en posturas totalmente impostadas, atardeceres, copas de vino blanco, fotos desde lugares exóticos o monumentos icónicos que no se están disfrutando, y por supuesto filtros, más filtros, y frases motivacionales sacadas de autores new age, pero con menos consistencia filosófica que  un pedazo de pan mojado. Y mucho miedo a no estar en el candelero, a no estar a la altura de las expectativas ajenas, gente a la que en su mayoría importamos un carajo. Toda esta felicidad efímera y vacía la genera un simple "me gusta" o un corazoncito, que no dejan de ser unas simples lucecitas que generan una brevísima descarga de dopamina en el cerebro, conllevando una leve sensación de placer. Y eso es lo que nos domina a  la llamada especie elegida. Y es que en el mundo de los complejos, el filtro es el rey.




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