martes, 28 de agosto de 2012

Pyongyang.


Es rara la semana que en las crónicas internacionales no aparece alguna noticia relacionada con Corea del Norte y sus conflictivas relaciones con Corea del Sur, Japón y EE.UU. Hace unas semanas, sin ir más lejos, la comunidad internacional recibió no sin cierto alivio el acuerdo alcanzado entre Corea del Norte y EE.UU por el cual el país asiático renunciaba a su programa nuclear a cambio de alimentos. El 17 de diciembre pasado otra noticia acaparaba todos los titulares la muerte del Kim-Jong-Il,  sucesor de su padre Kim-Il-Sum y que a la vez deja la presidencia de la primera dinastía comunista del mundo a su vástago Kim Jong-Un.  Pero dentro del contenido de esta noticia lo que más dejó perplejo a la opinión mundial no fue la muerte del “amado líder” (así se intitulaba el personaje ante su pueblo), sino las reacciones que su pueblo mostraba ante las cámaras; caras desencajadas por el dolor, llantos, desmayos y lamentos por la pérdida del líder debido a la sobrecarga de trabajo, siempre según la propaganda oficial. Y es que sin propaganda no se pueden entender estas  exageradas reacciones de la población (con más o menos “presiones”) en esa sociedad delirante, rémora de la Guerra Fría, cuestión que aparece muy bien reflejada en Pyongyang cómic o novela gráfica del dibujante canadiense Guy Delisle. Editada por Astiberri el título de la obra es el nombre de la capital de Corea del Norte, lugar en el que desarrolla casi toda la historia basada en la propia experiencia del autor durante su estancia en el país al cual viajó para enseñar nociones de dibujo de cómic a artistas locales. Desde el primer momento, y siempre con una finísima ironía el autor refleja una sociedad opresiva donde el partido y el líder lo son todo, donde la mentira y el disparate más grotesco se convierten en dogmas irrefutables por decreto gubernamental, donde la paranoia por la supuesta amenaza norteamericana es una auténtica psicosis colectiva inducida, donde toda la población participa de manera continuada en una gigantesca obra de teatro que llega a niveles ridículos,  incluso cómicos. Por ejemplo, en la secuencia en la que se lleva a los visitantes al “Museo de las amistades”, auténtico homenaje a la megalomanía del gran líder y padre de la revolución y donde se guardan los regalos recibidos por el mandatario; hay un momento en la misma en el que al hacer la reverencia a la estatua del líder el protagonista se tiene que aguantar la risa; o como la población es arengada continuamente con canciones y consignas patrias que todos repiten como un mantra con no se sabe ya si sincera emoción y fervor, o simplemente porque han sido convertidos en unos autómatas. La cuestión no dejaría de tener sorna si no fuera porque el tema tratado el cómic no tiene nada de invención; en una viñeta se reproduce un discurso dado por el recientemente fallecido Kim-Jon-Il en 1996 el que asegura que “para reconstruir una sociedad victoriosa solo sería necesario que sobreviviera el 30% de la población”. Si a eso le añadimos la existencia (negada por las autoridades norcoreanas) de campos de concentración en el país donde los considerados enemigos son “reeducados” junto con sus familias, teniendo que penar durante varias generaciones, o las severas hambrunas padecidas por la población en un país totalmente cerrado al exterior y que se gasta una buena parte de su presupuesto en gastos militares (según los expertos entre el 25% y 33% del total) los datos tienen menos gracia aún. Pyongyang también transmite un mensaje de cómo el régimen ha deshumanizado a la población, a base del continuo bombardeo de propaganda y un rígido control de los medios de comunicación y la educación, donde el individuo no existe y cualquier mínimo gesto que se salga del  mensaje dominante puede pagarse muy caro. Toda la obra está realizada en diversos tonos grises para expresar eso, una sociedad gris y totalmente anestesiada. Para ello Guy Delisle utiliza el recurso alternar entre las viñetas imágenes de colosales obras propagandísticas como el gigantesco hotel piramidal de la capital, icono del país, y que no es más que la carcasa, puro efecto visual. También se reproducen carteles de propaganda oficial al más puro estilo estalinista así como numerosas viñetas mudas de paisajes urbanos con las colosales autovías y avenidas vacías y que muestran una sensación de estar en un mundo imaginario y abandonado.

Algunas instantaneas
En definitiva una magnífica aportación del dibujante canadiense que utiliza el llamado “noveno arte” para aproximarse a ese régimen que parece sacado de la famosa obra de G.Orwell 1984, pero que en este caso tiene muy poco de ficción. Por cierto, otra recomendación también de Guy Delisle es Cronicas birmanas (Astiberri), que podríamos considerar una segunda parte de su periplo por Asia y que nos cuenta las costumbres y la realidad de este país de Indochina que sufre una brutal dictadura militar desde 1964 y que también daría mucho que hablar.   

Portada de una de las ediciones.




Ricardo Codorníu.



Mapa de Sierra  Espuña  y su entorno
Paseando por la murciana plaza de Santo Domingo uno puede ver bajo el emblemático ficus un pequeño y modesto busto que para la mayoría de los viandantes pasa desapercibido. Se trata de un pequeño homenaje en piedra a uno de los muchos personajes desconocidos para la mayoría de ciudadanos de nuestra región, pero no por ello menos importante;Ricardo Codorníu y Starico (1846-1923). Y lo es porque en pleno corazón de la región todavía podemos disfrutar de su legado, me refiero al magnífico entorno de Sierra Espuña.

Ricardo Codorníu, cartagenero de nacimiento, era miembro de una importante familia de terratenientes y políticos vinculados en la Restauración a la familia de caciques murcianos Cierva-Peñafiel mostró desde niño inquietudes hacia el mundo natural y en concreto por el problema de deforestación que ya por entonces afectaba a la provincia de Murcia. El niño al cual apasionaba la naturaleza se convierte en un joven ingeniero de montes en 1871. Pronto es ostenta diversos cargos gubernamentales tales como la Dirección Hidrográfica-Forestal del Segura, jefe de inspección repoblaciones Forestales y del Servicio Hidrográfico-Forestal del Ministerio de Fomento. Se puede decir que vivía y trabajaba para y por la naturaleza y a regeneración del ya diezmado arbolado de la región. Pero su pasión se materializa a partir de 1898 tras una visita a Sierra Espuña. Lo desnudo del paisaje y la aridez y desolación del ambiente le estimulan para emprender el gran proyecto repoblador, que si bien ya había empezado en 1888 fue el propio Ricardo Codorníu quien con sus estudios orográficos (construcción de diques y cortafuegos, estudio de los distintos tipos de suelo...) y climáticos (había que replantar las distintas especies teniendo en cuenta la altitud y orientación de la montaña) da a la empresa su definitivo empuje. Es a partir de ese año cuando se planta la semilla (y nunca mejor dicho) del manto de terciopelo verde que se ubica en Sierra Espuña, prácticamente en el centro geográfico de la región y que hoy en día, con más 25.000 hectáreas repartidas entre los municipios de Alhama, Totana, Aledo, Pliego y Mula, de los cuales 14.181 son Reserva Nacional de Caza y 17.804 son Parque Regional. El monumental trabajo ha dejado una variada flora de bosque mediterráneo con pinos carrascos, negros,silvestres y piñoneros, pudiendo encontrar encinas y robles quejigos en algunas zonas, entre otras especies vegetales. El “rejuvenecimiento” de Sierra Espuña también dio cobijo y hogar adecuado a numerosas especies animales como el águila real,el águila perdicera, el cernícalo, el murciélago de herradura, el gato montés, la gineta, el arruí o la víbora hocicuda, por nombrar unos pocos. A ello habría que hablar de los beneficios directos para el ser humano, como la prevención de avenidas encaso de lluvias torrenciales, frenar la erosión, suavizar el calor en nuestro tórrido verano y atraer la humedad, por no hablar de los beneficios de la recogida de la leña en otro tiempo y los empleos que se crean para la conservación y disfrute del entorno. Ricardo, además participó en otras labores importantes como la repoblación forestal de Guardamar o la publicación de revistas como España Forestal. Todos estos méritos le fueron reconocidos en vida con diversas con decoraciones y el cariñoso apelativo de Apostol del árbol, quizás también inspirado por su aspecto de anciano entrañable que del que podemos hacernos una idea al contemplar el busto de la plaza de Santo Domingo, en Murcia.


Ricardo Codorníu
Tal vez sea importante reivindicar su memoria y su legado, pidiendo con convicción a los poderes públicos reaccionen y tomen medidas en una época que si bien los problemas medioambientales mucho más acuciantes a escala global también hay que señalar que se dispone de una cantidad de medios ostensiblemente mayores a los de inicios del siglo XX. Se puede alegar que en una época de crisis no se puede gastar un céntimo demás, que reforestar el territorio implicaría una enorme movilización de recursos,  maquinarias y personas, pero se puede contestar por contra a estos argumentos que piedra a piedra se construye una montaña, que se puede hacer a nivel local, comarcal o regional,que se puede pedir ayuda a los ciudadanos o incluso institucionalizar algún evento con carácter lúdico a nivel de municipios como por ejemplo el Día Mundial del Árbol ( 21 de marzo), en el que estudiantes de primaria y secundaria,jubilados, asociaciones y ciudadanos voluntarios en general acudan en masa a realizar esta importante labor de reforestar que sin duda mejorará su calidad de vida y la de futuras generaciones, cada año una zona concreta, poco a poco. ¿Seimaginan dentro de 25 años mirar desde el castillo-basílica de Caravaca hacia el Cerro Gordo y verlo tapizado de verde?. ¿O caminar por el Llano bajo la sombra y el frescor?. ¿O parar a descansar en una pinada poco más arriba de la Colonia de Santa Teresa, en la carretera que une Caravaca con Lorca?. ¿O que lobos y ciervos volvieran en el futuro a las sierras del Noroeste como hace décadas?. ¿Y ver las muelas peladas del Altiplano sobresalir de entre los pinos o que se camufle el blanco de los bad lands de Mula, Albudeite y Campos del Río, por ejemplo?. A Ricardo Codorníu le hubiera encantado.

Vista actual de Sierra Espuña,