A día de la
publicación de este artículo, muchas de las personas a las que va dedicado ya
habrán pasado por el gran reto para el
que se venían preparando durante todo el año y ya empezarán a ver entre las
brumas la próxima estación de sus vidas. Me refiero a los alumnos de 2º de
Bachillerato del IES Oróspeda que han realizado recientemente las pruebas de la
PAU, tanto a ellos como a los que pasarán el trago en septiembre y a los que
por cualquier motivo no se presentarán a dicha prueba me gustaría dedicarles
unas palabras. A ellos, a los que tuve el honor de dar clase en el curso
2010-2011 y una experiencia maravillosa en el viaje de estudios a París, quiero
dedicar estas líneas de lo que creo que puede ser el sentir de muchos docentes.
Y no es otra cosa que un sentir o manera
de ver nuestra profesión que a los alumnos quizás os resulte extraño,
paradójico o chocante; que los profesores también aprendemos continuamente. Y lo
hacemos de varios modos; decía el filósofo romano Séneca que enseñando
aprendemos y es en este aspecto en el que se centra este artículo; que
aprendemos de vosotros, de compartir vuestras experiencias, vuestras
inquietudes, vuestras esperanzas y frustraciones, con todo el enriquecimiento
que ello supone a nuestra labor tanto en el aspecto personal y emocional como
en el académico y profesional. En el aspecto personal muchos de nosotros hemos
trabajado en varios centros de la región de Murcia e incluso de otras
comunidades autónomas, centros en los cuales hemos visto las realidades más
diversas y en las cuales hemos trabajado con alumnos de diferentes edades,
procedencias, familias y circunstancias, lo cual hace que nos curtamos y
llevemos experiencia acumulada (muchas veces en condiciones difíciles) que a la
larga cristalizará en unas mayores habilidades para adaptarnos e intentar
llegar a vosotros y sobre todo ENSEÑAR, que es a lo que hemos dedicado y
orientado nuestras vidas después de años de estudios universitarios, durísimos
procesos de oposiciones, sustituciones por muy breves espacios de tiempo en
condiciones manifiestamente mejorables y puestos que a veces conllevaban el
traslado de domicilio o conducir desde tempranas horas de la mañana para ir al
trabajo y hacer más de cien e incluso doscientos kilómetros diarios.
En lo emocional también y con la base que da la
experiencia hemos vivido y compartido (a veces hay que reconocer que con
perplejidad) esas sensaciones y sentimientos que en esa edad adolescente
vuestra están elevados a la máxima potencia. Aunque a veces nos resulten
desconcertantes reacciones tan variopintas como el enfado por un suspenso o con
vuestros padres, la euforia por las vacaciones o las buenas notas, la
intensidad de los sentimientos de amistad, las caras de ilusión en un viaje de
estudios, el desconsuelo por un desamor o las mariposas en el estómago por todo
lo contrario a más de un profesor a buen seguro que le recuerdan y le hacen
revivir con una afectuosa sonrisa las suyas propias hace no tantos años.
Siguiendo otra vez a Séneca y entrando en lo
académico, los profesores nos enriquecemos también académicamente en el
ejercicio de la labor docente; consolidamos conocimientos y buscamos nuevos
matices y enfoques al preparar las explicaciones de clases. Tenemos que sintetizar
y esquematizar muchas veces para intentar llegar a vosotros. Se nos abre la
curiosidad sobre ese tema que hay que enseñar, lo cual nos hace leer y buscar
materiales, bien en bibliotecas, librerías, por la red o en viejos apuntes.
Buscamos películas, conferencias y actividades extraescolares de las cuales
nosotros también sacamos algo nuevo. Pedimos también consejo a otros compañeros
veteranos. Si os encargamos un libro de lectura tenemos que conocerlo, así como
saber el partido que se le puede sacar para que aprendáis. Así mismo cada libro
de texto, y según la editorial suele aportar datos nuevos que en ocasiones
habían quedado almacenados en la nevera de la memoria o simplemente
desconocíamos. Tenemos también muchas veces que bucear en temas que, aunque
conocemos, no son de nuestra especialidad para adquirir unas competencias que
nos hagan poder transmitiros dichos conocimientos con garantía.
Todo esto, y mucho más que sería prolijo escribir
aquí, hace que aprendamos y nos enriquezcamos cada día con vosotros, aunque a
veces, como en todo grupo humano, pueda haber momentos de incomprensión mutua o
simplemente falta de comunicación que siempre puede ser remediada con ilusión y
esfuerzo, sintiéndonos navegantes todos hacia el proyecto de un futuro esperanzador,
a pesar de las dolorosas circunstancias actuales. Por todo lo expuesto, gracias
por mucho lo que nos aportáis como profesores y personas y no dejéis de luchar
nunca por vuestros sueños.
Artículo publicado en el periódico El Noroeste. Septiembre 2013.

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