sábado, 31 de enero de 2026

Entrevista a José Ángel Castillo Lozano

 Juan Antonio Sánchez Giménez entrevista a José Ángel Castillo Lozano, autor de La sacralización de la guerra en el mundo visigodo. Ceremonias, ritos y símbolos.


José Ángel Castillo Lozano (1991) es graduado en Historia en la Universidad de Murcia. En la actualidad es profesor de secundaria (funcionario de carrera) y doctor con mención Cum laude en historia con una tesis sobre la figura del tirano en la tradición literaria visigoda. Por dicho motivo, es especialista en el mundo de la Antigüedad Tardía del cual ha publicado recientemente una monografía sobre los usurpadores en el reino visigodo, casi una veintena de artículos, capítulos de libros reseñas y posters en revistas especializadas y ha asistido a numerosos congresos en calidad de comunicante y de oyente. Ha participado en los proyectos de investigación de Begastri (Cehegín, Murcia) y del Martyrium de la Alberca (Murcia). De igual modo, forma parte del equipo de investigación “Antigüedad y Cristianismo” (Grupo De Investigación UMU E041-04) y, recientemente, ha ganado el premio de investigación “Pedro Salinas” en humanidades concedido por la UNED. Como profesor fue para mí un inmenso placer haber coincidido con él en es IES San Juan de la Cruz desde 2019 hasta 2022. A continuación se desglosa una entrevista sobre la temática sobre la que es especialista el mundo visigodo)


¿Qué te llevó a interesarte por el mundo visigodo?

Realmente, cuando entré en la carrera de historia, era un gran apasionado de la historia republicana romana. Me alucinaba las andanzas de personajes como Cornelio Escipion “El africano”, Sila o Sertorio. Sin embargo, a medida que fui avanzando en mis estudios, cada vez fui contemplando más esos periodos de transición y el interés que despertaban. Finalmente, y posiblemente influenciado por el magisterio de un profesor de la Universidad de Murcia (José Antonio Molina), al que tanto debo, me terminé especializando en eso que se llama Antigüedad Tardía, que no deja de ser un periodo bisagra entre el final de la Antigüedad y el inicio de la Edad Media.


¿Crees que es una etapa histórica a la que se ha dado poca relevancia?

Pues no sabría responderte a esto, puesto que el pasado visigodo ha estado muy presente en toda la historia peninsular, desde el inicio de los reinos cristianos del norte, pasando por los Austrias durante los S. XVI y XVII, y por supuesto con la imposición de los Borbones en el S. XVIII (véase por ejemplo el complejo escultórico de la Plaza de Oriente de Madrid). Sin embargo, es cierto que el estudio de esta sociedad en la actualidad está un tanto denostado, no sé si por la relación que tuvo con el franquismo que avaló al reino visigodo como la primera manifestación de España o por ese mito “memorístico” de la lista de los reyes godos.


¿Qué mitos de uso común crees se pueden desmentir sobre el periodo visigodo?

Muchísimos, no era esa sociedad de bárbaros que siempre se ha querido ver. Me refiero, siempre ha existido la imagen que, tras la caída del Imperio romano de Occidente, toda Europa caía en las garras del oscurantismo, la superstición y el radicalismo religioso. Y esto no es así, la Edad Media, simplemente, es un periodo diferente. En lo relacionado con el pueblo visigodo, efectivamente, esta dinámica se cumplió. Sin embargo, cuando uno raspa la superficie y acude a los testimonios de la época, nos damos cuenta que esto era muy diferente. Así sobresalen, por ejemplo, eruditos de la talla de Isidoro de Sevilla, grandes complejos palaciegos como el de Los Hitos en Toledo u obras de orfebrería tan exquisitas como el tesoro de Guarrazar.


¿Qué te ha llevado a escribir este libro?

La pregunta es compleja. Yo me doctoré en la Universidad de Murcia en diciembre del año 2018 con una tesis sobre la figura del tirano/usurpador en la tradición literaria de este reino. En la conformación de dicho trabajo, me surgieron mil y una incógnitas. Esto es lo bonito del mundo de la investigación, que por cada pregunta que contestas, aparecen otras diez que necesitas responder. Así surgió este tema, porque a medida que estudiaba esta arquetípica figura del usurpador, me fui dando cuenta que subyacía de fondo un pensamiento de base teocrática que marcaba el resultado de las guerras y de las contiendas bélicas por medio de la voluntad divina, y que, en relación con ello, aparecían toda una serie de símbolos, ritos y ceremonias que dotaban de sacralidad al mundo de la guerra. A raíz de esto, empecé a investigar, fue publicando algunos artículos sobre esta temática, y finalmente cuando fui a darme cuenta, tenía un ensayo sobre este tema que presenté a los Premios Pedro Salinas de la UNED y que, tras ganar este premio, decidí publicar como libro con la Editorial Ergástula.


Sobre la sacralización de la guerra en el mundo visigodo; ¿influyó posteriormente en los reinos cristianos hispánicos?

Por supuesto, hay muchos relatos sobre, por ejemplo, la batalla de Covadonga que cogen elementos visigodos. Sin ir más lejos, se me viene a la mente un documento llamado “Misa de Hostibus” (que estudio en el presente libro) que tiene una serie de elementos literarios que luego prácticamente se calcan en la conformación de ese mito fundacional que es la batalla de Covadonga. En resumen, el pensamiento historiográfico y político visigodo traspasará fronteras cronológicas y lo adoptarán los reinos del norte. No en vano, hay un intento legitimador por parte de estos reinos por hacerse pasar como los legítimos herederos del reino toledano, basta simplemente con leer fuentes como la Crónica de Alfonso III.


¿Qué aspectos crees que están aún por investigar sobre los visigodos en España?

Por supuesto, aún queda muchísimo camino por recorrer. Yo con este libro he intentado desvincularme de los estudios positivistas que me preceden e intentar comprender las mentes y la ideología que hay detrás de los grandes intelectuales de este reino. Por lo tanto, a tu pregunta, mi respuesta es contundente: queda muchísimo trabajo por delante.






martes, 20 de enero de 2026

LA SUSTANCIA. UNA PELÍCULA INCÓMODA.


 Hace unos pocos días, estando en casa, tuve la oportunidad de visualizar en la plataforma

Filmin la que es uno de los estrenos cinematográficos más sonados de Hollywood en 2024 y

que no deja indiferente a nadie. Se trata de "La sustancia",  dirigida por Coralie Fargeat, y

protagonizada por Demi Moore (Elisabeth Sparkle) y Margaret Qualley (Sue).  A modo de

sinopsis La Sustancia' es la  historia  de 'Elisabeth Sparkle' una actriz y estrella de la

televisión que pierde su trabajo sobre los 50 años  y que comienza a tomar una droga del

mercado negro para crear "la mejor versión de sí misma".

La extraña sustancia que comienza a consumir replica las células humanas, convirtiéndola en una versión renovada de si misma y brindándole juventud, frescura y energía. Esta versión renovada de Elisabeth es 'Sue', , una joven que piensa recuperar el esplendor de una Elisabeth Sparkle ya desnortada. Para conseguir este objetivo, las  dos mujeres (que es en realidad una) solo deben seguir las simples pero severas reglas de la empresa clandestina que fabrica la 'sustancia'. Y una de las más simples de todas, a la par de rígida, es que se tienen que alternar la existencia durante una semana exacta, ni un día más; una semana Elisabeth, estrella en decadencia, y  a la otra, Sue fulgurante astro televisivo del momento. La armonía entre las dos (que son la misma persona) dura poco, pues la veterana actriz intenta mantenerse en pie, pero choca con la creciente adicción de Sue al éxito y la fama. 

Más allá de lo desagradable que puedan ser varias escenas de la película (terror corporal), o de que destelle (desde mi punto de vista de manera magistral)  planos y escenas inspirados en clásicos del terror como Psicosis, El resplandor, La cosa o Carrie, lo realmente poderoso e impactante es la crítica sin complejos a la sociedad actual, con el culto a lo efímero y banal, la adicción a la aprobación y atención ajena y como se ceba el descarnado mundo del espectáculo con la utilización de la belleza femenina como producto de consumo y mercantilización. 

Bajando a lo terrenal y fuera de Hollywood el planteamiento también se puede aplicar a esta sociedad nuestra de lo vacío, lo superficial y lo hedonista, características cada vez más acusadas en la actualidad. Por ejemplo, se ve con absoluta normalidad que un concursante del programa La isla de las tentaciones sea más conocido entre amplias capas de la población que un escritor o un pintor, al menos lo que dure la edición de ese programa. Luego, a otra edición, se pone otro y ya está. ¿Eso es evolución o involución en una sociedad?. Ahí queda la pregunta. Y hablando metafóricamente, ¿cuál sería esa extraña sustancia que de manera ficticia hace que las personas se transformen en su mejor versión?; bellos, sonrientes, esbeltos, brillantes, carismáticos, ocurrentes... Podrían ser las redes sociales, con la adicción que crean a la atención ajena. Miles de fotos en posturas totalmente impostadas, atardeceres, copas de vino blanco, fotos desde lugares exóticos o monumentos icónicos que no se están disfrutando, y por supuesto filtros, más filtros, y frases motivacionales sacadas de autores new age, pero con menos consistencia filosófica que  un pedazo de pan mojado. Y mucho miedo a no estar en el candelero, a no estar a la altura de las expectativas ajenas, gente a la que en su mayoría importamos un carajo. Toda esta felicidad efímera y vacía la genera un simple "me gusta" o un corazoncito, que no dejan de ser unas simples lucecitas que generan una brevísima descarga de dopamina en el cerebro, conllevando una leve sensación de placer. Y eso es lo que nos domina a  la llamada especie elegida. Y es que en el mundo de los complejos, el filtro es el rey.