viernes, 8 de febrero de 2013

El castillo de Trim.

El pasado mes de agosto y casi por sorpresa tuve la inmensa suerte de visitar el castillo de Trim, en la región de Meath, Irlanda, conocido por ser uno de los escenarios en los que se rodó la famosísima película Braveheart, de Mel Gibson (1995). La familia que me acogía me dijo que íbamos a pasar allí el día; yo ya intuía que se trataría de un lugar interesante de visitar, uno de los muchos que tiene Irlanda, pero como conocedor y apasionado de la Historia no esperaba el complejo medieval tan impresionante que allí me iba a encontrar y el buen sabor de boca que me iba a dejar el lugar.
El castillo fue erigido originalmente en madera por el noble anglonormando Hugo de Lacy en 1172. En 1175 fue construida la impresionante torre del homenaje en piedra y cuyo magnífico estado de conservación se debe a su diseño cruciforme, excelente ejemplo de la arquitectura militar de la época, aunque fue ampliada en el siglo XIII. Enclavada en el centro del recinto amurallado, en dicha torre se concentraban todas las funciones domésticas y administrativas del castillo; proporcionaba alojamiento al noble y su familia, contenía distintas dependencias como una sala de recepciones, habitaciones o una capilla y además contaba también con sótanos, almacenes y mazmorras. No pude evitar al estar bajo la sombra de la mastodóntica construcción de piedra recordar algunas imágenes de la película Braveheart, así como imaginar como sería la vida cotidiana de sus moradores.
En cuanto a las murallas del castillo hay que decir que son un claro ejemplo de optimización del entorno para facilitar la función del castillo, es decir, fundamentalmente la defensa; la construcción reposa sobre una colina y el lado norte está cubierto por el río Boyne, mientras que las tierras bajas del lado suroeste eran pantanosas y tendían a inundarse con facilidad. Rodeadas por un foso que podía llenarse de agua gracias a un sistema de presas que tomaba el agua del río, estaban articuladas por torres defensivas en forma de “D”. La parte superior de los muros aguantaba plataformas de madera hacia la cara interior del recinto que constituirían caminos de ronda para realizar las funciones de vigilancia y para defender el recinto en caso de ataque. Por supuesto en el interior de las murallas había otras construcciones necesarias para la actividad necesaria en el castillo de un señor feudal, aunque ya desaparecida; barracones para la tropa, graneros y cuadras, entre otras.
Realmente espectacular es también el conjunto de la antigua villa medieval, si bien casi no queda nada, aún se conservan bien los zócalos del la muralla que la protegía y un puente de piedra que cruza el caudaloso río Boyne, sobre todo para alguien que viene de estos lares del Sureste de España, así como una torre gótica, presumiblemente por su decoración construida entre finales del siglo XIV y el XV. Dicha torre, de considerable altura se encuentra casi en ruinas, aislada, siendo el único elemento que queda de una anterior iglesia y llena de cavidades donde anidan los cuervos, creando junto al verde paisaje un magnífico escenario, con el río Boyne y el castillo al fondo. Se trata de un ambiente casi mágico que nos transporta a otra época, una atmósfera que en los frecuentes días de niebla que allí se dan parece sacada de un cuadro del pintor romántico Fiedrich, quien se recreaba en las leyendas, lo misterioso de las ruinas y lo salvaje de la naturaleza.
Es Trim uno de los muchos lugares encantadores que tiene la Irlanda rural para visitar y disfrutar. Paseando por las calles del pueblo se puede disfrutar de la arquitectura típica del país (coloristas viviendas de dos o a los sumo tres pisos), charlar con los lugareños (los irlandeses son por lo general bastante educados y amables) y por supuesto de una pinta de Guinnes en los típicos pubs de madera, con música en directo incluida. Un lugar más, en un país amable, de cuento, con unos paisajes bellísimos, que invita a soñar con leyendas de druidas y míticos reyes y que ha sido llamado con razón “la isla verde”.
                                         
                                                                     Perspectiva del castillo.

                                         
                                                                                    La torre del homenaje.



                                                                               Entrada principal.


                                                                         Río Boyne