viernes, 8 de febrero de 2013

Física o Química.

Dentro del elenco televisivo escasamente educativo y transmisor de valores (quizás decir contravalores sería más correcto) destinado a nuestros jóvenes destaca desde hace varias temporadas la serie de Antena 3 Física o Química. No escribiría estas líneas refiriéndome a la misma, ya que tal y como está el patio televisivo es uno de los muchos bodrios con los que nos deleitan las ondas catódicas si no llamara la atención desde sus inicios por un motivo nada loable; la desfiguración total y desprestigio de los docentes y de la juventud que se muestra en este espanto televisivo.
La clave de su éxito entre el público al que va dirigido, adolescentes en su mayoría (aunque también alguno más entradito en edad) tiene los ingredientes típicos en este tipo de series de las cuales la pionera fue allá por los noventa la estadounidense Sensación de vivir, de enorme éxito y emitida por Tele 5 (¿el inicio de una espiral descendente en programación de calidad?). El argumento en cuestión era la vida de unos chicos y chicas de clase media-alta de Beverly Hills (una de las zonas más caras y exclusivas de Los Ángeles) que más que adolescentes parecían casi treintañeros y entre los que por supuesto no había ningún bajito, calvo o entrado en kilos. La vida que llevaban era superchupi y de color de rosa; unos padres ultracomprensivos y enrolladísimos , conducían unos cochazos , eran excelentes estudiantes, hacían surf en las playas de California y eran los más populares de su mundillo. Como se puede ver lo que transmitía no era precisamente muy realista, cuestión que a un adulto le puede parecer obvia y evidente, pero no tanto a los adolescentes, grupo de edad susceptible de empaparse de todo tipo de influencias.

Casi dos décadas después muchas han sido las series de este tipo emitidas en televisión, tanto españolas como estadounidenses, pero a lo que voy es a hablar, como anuncia el artículo es de Física o Química. Y el motivo que me lleva a ello es la queja el reproche y la indignación con algunos de los contenidos, mensaje y valores que estos guionistas salidos de no sé donde tienen a bien ofrecer a nuestros adolescentes. La historia se desarrolla en torno a la vida personal de profesores y alumnos de un instituto de secundaria privado llamado Zurbarán (no sé que tendrán los guionistas contra el pintor sevillano del XVII), donde al parecer se hace de todo menos dar clase y sólo es un punto de encuentro. Parece en principio lógico en una serie de entretenimiento y tampoco hay que echarse las manos a la cabeza por ello. Lo que resulta deplorable es el ejemplo y los patrones de comportamiento que se dan a nuestros jóvenes. Pongo como botón de muestra algunos de ellos (me he tragado algunos fragmentos on-line para hablar con conocimiento de causa, no sin bastante cabreo); en una clase una adolescente con muchos aires interrumpe a una profesora (de Filosofía, creo) en plena explicación alegando que su explicación “tiene tufo a facha”. A una nueva profesora de Literatura que echa a un alumno de clase por faltarle al respeto, el individuo en cuestión le responde “¿tú y cuántos más?”. En otra clase literalmente un alumno exclama sobre una compañera “¡que Remedios sea virgen si que es mágico, con lo buena que está!”; los alumnos por consenso “democrático” deciden boicotear la clase de la nueva profesora de Filosofía porque no les gusta su método de dar clase, entre otras lindezas además de la continua actitud desafiante y falta de respeto a los docentes y entre ellos mismos.

El desprestigio hacia el profesorado es también continuo en el bodrio; se nos presenta como “colegas”; es una constante en la serie las relaciones sexuales entre profesores y alumnos; uno de los profesores es adicto a la cocaína y parece que su ocupación última es trabajar e impartir conocimientos. Nada más que nos faltaba esto.

Escandaloso sobre todo es que una serie destinada a un público adolescente cuya calificación moral es en teoría para mayores de trece años tenga un contenido sexual tan explícito, contenido además tratado con una frivolidad y vulgaridad dignas de Belén Esteban (lo del éxito de esta señora es de análisis también). Un ejemplo; un chico entra en un bar insultando a su compañera de clase con calificativos como “guarra” y acusándola de haberle pegado la gonorrea. Y es que las escenas más que subidas de tono son una constante en este insulto televisivo; dos alumnas y una alumno forman un trío; una alumna deleita con streptease a sus compañeros en un descampado mientras ellos la miran desde coche; se practica sexo en los baños del instituto; los protagonistas celebran una “fiesta” en una vivienda con bebida y todo tipo de drogas y cuyo objetivo poco dista al de las orgías romanas.

El daño a la ya maltratada figura del profesorado, el encasillamiento y desfiguración de la imagen de la juventud en unos roles de depravación y falta de valores alarmantes así como el sistemático falseamiento de la realidad parece que son las consignas del invento mediático. El impacto es especialmente grave si se tiene en cuenta que el bodrio va dirigido a una población en una franja de edad fácilmente influenciable y susceptible de absorber ciertos roles y costumbres aliñado con la saña con la que se ataca a la figura del profesor. Los ejemplos mostrados son sólo una mínima parte de unos nocivos contenidos que muchos de nuestros adolescentes asumen ensimismados, no siendo los únicos que otros programas tan poco edificantes como Gran Hermano, Mujeres y hombres y viceversa o Sálvame ofrecen. Si estos son los valores que priman en nuestra sociedad y de los que nuestros jóvenes se empapan tras inmensas ingestas de sesiones televisivas que no nos extrañen los resultados y las consecuencias. De aquellos polvos vienen estos lodos, que diría el refranero español.

Dedicado a mis compañeros maestros y profesores en estos difíciles momentos.
 
 
*Este artículo fue publicado en febrero de 2011 en el periodico comarcal "El Noroeste". Dos años después, y aunque la serie ya no se emite la sociedad española sigue sumida en una profunda crisis economica, social y moral. Me gustaria lanzar desde mi modesta posición un mensaje de apoyo y esperanza a todas las personas que están pasando por dificultades en estos momentos, así como transmitir que una educación publica de calidad que se base en la excelencia y en esfuerzo es el camino hacia una nación mejo; más preparada, solvente económicamente y con ciudadanos criticos y exigentes con los poderes publicos.