viernes, 8 de febrero de 2013

Piether Brueghel el Viejo y la Navidad.

No es un pintor exclusivamente de Navidad pero la supo plasmar tal y como se vivía en su época, con sus costumbres y su religiosidad popular. El pintor flamenco Piether Brueghel, llamado el Viejo (1525-1569) desarrolla su vida y obra en su tierra natal denominada genéricamente Flandes. Dicho territorio abarcaría a las actuales Bélgica y Holanda. Ligados a inicios del XVI a la monarquía hispánica gracias a la enorme herencia recibida por Carlos I de España y V de Alemania, los territorios flamencos habían experimentado durante toda la Baja Edad Media un formidable desarrollo mercantil y manufacturero basado en los paños que dio lugar a la consolidación de la burguesía de ciudades como Amberes, Ypres, Bruselas, Amsterdam, Brujas o Lieja, por nombrar algunas de las más significativas alcanzando unas cotas de riqueza y bienestar muy superiores al resto de Europa, muy similares a las ciudades también mercantiles y manufactureras del norte de Italia. El auge de estas ciudades burguesas orgullosas de su prosperidad y ansiosos de adquirir y patrocinar obras de arte hizo que ya desde el siglo XV empezara a descollar una magnífica escuela denominada de los primitivos flamencos, ya de rasgos renacentistas y cuyos algunos de sus principales nombres son Robert Campin, Roger van der Weyden, Jan van Eyck, o el enigmático Hieronymus Bosch más conocido como El Bosco. Esta magnífica escuela de pintores tendrá como continuador ya en el convulso siglo XVI flamenco a Piether Brueghel el Viejo.
La extensa obra de Brueghel viene caracterizada por transferir la imagen idealizada del hombre renacentista a la imagen costumbrista de los campesinos. (La cosecha, Boda campesina) Con rasgos que a veces recuerdan a la pintura del Bosco (El triunfo de la muerte , La torre de Babel…),sus cuadros reflejan un sentido mordaz, burlón y tragicómico de la vida. Pero el motivo que me ha llevado a hablar sobre este gran pintor es como trató la Navidad. No es que tratará todos los pasajes bíblicos que hacen referencia a la Natividad de Cristo, pero los que plasmó en sus cuadros desprenden una dulzura y una sencillez campesina que bien nos pueden mostrar una instantánea de aquella sociedad y de cómo se percibía esta celebración cristiana de la cual tal hayamos perdido un poco el norte de su sentido en la sociedad actual. Los pasajes bíblicos plasmados no son muchos, sólo cuatro; La huida a Egipto (1563) La Adoración de los Reyes Magos (1564), Masacre de los Inocentes, (1565) y Censo en Belén (1566), pero al contemplar dichas obras en la actualidad podemos percibir esa imagen idealizada, casi infantil de un villancico navideño.
Cronológicamente, según el evangelio de San Mateo, la primera secuencia sería Censo en Belén. Brueghel sitúa este episodio en su Breda natal, mostrando la vida del pueblo llano en invierno. Y en medio de este nevado escenario de gentes sencillas, como una más, se puede ver la silueta de la virgen María, ya en avanzado estado de gestación a lomos de una burra y acercándose a la casa donde se arremolina la multitud para inscribirse en el censo.
Escenario muy similar es el que recoge Masacre de los Inocentes , pero con una temática bastante más cruda; soldados ataviados a la manera de la época a pie y a caballo llevan a cabo las criminales órdenes dadas por Herodes en un paisaje también nevado y con las construcciones típicas de los Países Bajos enmarcando la acción en la que se puede ver a multitud de estos soldados y a madres y padres intentando defender a sus hijos de tan fatal suerte.
La Adoración de los Reyes Magos llama la atención por los rasgos con los que el pintor caracteriza a los personajes, rasgos casi grotescos de los que no se libra ni el propio San José ni los tres Reyes Magos. La cohorte de soldados que los acompaña lucen armas propias del XVI y llama la atención el atuendo del rey Baltasar, propio de los indios americanos.
La huida a Egipto plasma una naturaleza grandiosa, recreándose en un espectacular paisaje al que da profundidad con la técnica del “sfumato”. En medio de tanta grandiosidad se puede ver en primer plano a la Sagrada Familia; Cristo recién nacido en brazos de María y un sufrido San José representado como un atuendo campesino que tira de la obstinada burra en medio de un paisaje con una atmósfera de divinidad que no hace sino resaltar la grandeza y a la vez sencillez de Cristo; es una naturaleza que no tiene nada de hostil, sino que parce que agua tierra y aire estén celebrando la Buena Nueva.



Sería difícil señalar las obras más importantes de Brueghel, debido a su alta calidad, número de las mismas y variedad temática. Pero lo que si es seguro es que supo plasmar en escenarios y personajes contemporáneos el sentido más profundo de la religiosidad de la época y sus costumbres.