No es un pintor exclusivamente
de Navidad pero la supo plasmar tal y como se vivía en su época, con sus
costumbres y su religiosidad popular. El pintor flamenco Piether Brueghel, llamado el Viejo (1525-1569)
desarrolla su vida y obra en su tierra
natal denominada genéricamente Flandes. Dicho territorio abarcaría a las
actuales Bélgica y Holanda. Ligados a inicios del XVI a la monarquía hispánica gracias a la enorme
herencia recibida por Carlos I de España y V de Alemania, los territorios
flamencos habían experimentado durante toda la Baja Edad Media un formidable
desarrollo mercantil y manufacturero
basado en los paños que dio lugar a la consolidación de la burguesía de ciudades
como Amberes, Ypres, Bruselas, Amsterdam, Brujas o Lieja, por nombrar algunas de
las más significativas alcanzando unas cotas de riqueza y bienestar muy
superiores al resto de Europa, muy similares a las ciudades también mercantiles y
manufactureras del norte de Italia. El auge de estas ciudades burguesas
orgullosas de su prosperidad y ansiosos de adquirir y patrocinar obras de arte
hizo que ya desde el siglo XV empezara a descollar una magnífica escuela
denominada de los primitivos flamencos,
ya de rasgos renacentistas y cuyos
algunos de sus principales nombres son Robert Campin, Roger van der Weyden,
Jan van
Eyck, o el enigmático Hieronymus Bosch más conocido como El Bosco.
Esta magnífica escuela de pintores
tendrá como continuador ya en el
convulso siglo XVI flamenco a Piether Brueghel el Viejo.
La extensa obra de Brueghel
viene caracterizada por transferir la imagen idealizada del hombre renacentista
a la imagen costumbrista de los campesinos. (La cosecha,
Boda campesina) Con rasgos que a veces recuerdan a la pintura
del Bosco (El triunfo de la muerte , La torre de
Babel…),sus cuadros reflejan un sentido mordaz, burlón y tragicómico de
la vida. Pero el motivo que me ha llevado a hablar sobre este gran pintor es
como trató la Navidad. No es que tratará todos los pasajes bíblicos que hacen
referencia a la Natividad de Cristo, pero los que plasmó en sus cuadros desprenden una dulzura y una
sencillez campesina que bien nos pueden mostrar una instantánea de aquella
sociedad y de cómo se percibía esta celebración cristiana de la cual tal hayamos
perdido un poco el norte de su sentido en la sociedad actual. Los pasajes
bíblicos plasmados no son muchos, sólo cuatro; La huida a Egipto
(1563) La Adoración de los
Reyes Magos (1564), Masacre de los Inocentes,
(1565) y Censo en
Belén (1566), pero al contemplar dichas obras en la
actualidad podemos percibir esa imagen
idealizada, casi infantil de un villancico navideño.
Cronológicamente, según el
evangelio de San Mateo, la primera
secuencia sería Censo en Belén. Brueghel sitúa este episodio en su Breda natal,
mostrando la vida del pueblo llano en invierno. Y en medio de este nevado
escenario de gentes sencillas, como una más, se puede ver la silueta de la
virgen María, ya en avanzado estado de gestación a lomos de una burra y
acercándose a la casa donde se arremolina la multitud para inscribirse en el
censo.
Escenario muy similar es el
que recoge Masacre de los Inocentes , pero con una temática
bastante más cruda; soldados ataviados a la manera de la época a pie y a caballo
llevan a cabo las criminales órdenes dadas por Herodes en un paisaje también
nevado y con las construcciones típicas de los Países Bajos enmarcando la acción
en la que se puede ver a multitud de estos soldados y a madres y padres
intentando defender a sus hijos de tan fatal suerte.

La Adoración de los
Reyes Magos llama la atención por los rasgos con los que el pintor
caracteriza a los personajes, rasgos casi grotescos de los que no se libra ni el
propio San José ni los tres Reyes Magos. La cohorte de soldados que los acompaña
lucen armas propias del XVI y llama la atención el atuendo del rey Baltasar,
propio de los indios americanos.
La huida a
Egipto plasma una naturaleza grandiosa, recreándose en un espectacular
paisaje al que da profundidad con la técnica del “sfumato”. En medio de tanta
grandiosidad se puede ver en primer plano a la Sagrada Familia; Cristo recién
nacido en brazos de María y un sufrido San José representado como un atuendo
campesino que tira de la obstinada burra en medio de un paisaje con una
atmósfera de divinidad que no hace sino resaltar la grandeza y a la vez
sencillez de Cristo; es una naturaleza que no tiene nada de hostil, sino que
parce que agua tierra y aire estén celebrando la Buena Nueva.
Sería difícil señalar las obras más importantes de Brueghel, debido a su alta calidad, número de las mismas y variedad temática. Pero lo que si es seguro es que supo plasmar en escenarios y personajes contemporáneos el sentido más profundo de la religiosidad de la época y sus costumbres.