viernes, 8 de febrero de 2013

Paulus, Marcianus, Iluminator y otras anécdotas.*

La primera vez que tuve contacto con ellos fue visitando el Museo de Arte Romano de Mérida hace tres veranos con mis amigos. Estaban en un fabuloso mosaico del siglo IV d.C (4,95 m de altura y 5,65 m) de anchura encastrado en la pared de donde se les homenajeaba, grandioso a pesar de dar muestras de deterioro por el paso de los siglos. Ambos sostenían en cada una de sus manos un objeto; una palma (símbolo de la victoria) y una fusta.
La siguiente ocasión que me los encontré fue leyendo Historia de España para escépticos, de Juan Eslava Galán, en la que ya me interesé por los personajes y sus vidas. Estoy hablando de los aurigas romanos Marcianus y Paulus. No obstante me gustaría hablar del primero y de uno de sus caballos; Iluminator, cuyo nombre aparece también en el mosaico, pero antes habría que hacer una pequeña introducción de lo que eran las carreras de cuadrigas en la antigua Roma y lo que suponían en aquella sociedad de la que por cierto somos herederos. Las carreras de cuadrigas se celebraban en recintos llamados circos (la gente los suele confundir con los anfiteatros, donde se celebraban los combates de gladiadores). Estos eran de forma alargada con una extremo oblonga y otro rectilíneo, lugar en el que se solían localizar las caballerizas. En el centro estaba dispuesta una construcción llamada spina normalmente decorada con estatuas de dioses, obeliscos y fuentes, tal y como se puede apreciar en la famosísima película Ben-Hur (1959). La arena en la que se realizaban las carreras estaba rodeada por unas gradas en las que podían caber hasta 50.000 personas, cifra que nada tiene que envidiar a nuestros actuales recintos deportivos. El más famoso de ellos era el circo Máximo de Roma, en la actual plaza Navona de la capital italiana, aunque en España (Hispania en la época) también había algunos como en la propia Mérida, Tarragona o Toledo. En cuanto a las carreras podían ser de dos modalidades; de bigas (dos caballos) o de cuadrigas (cuatro caballos); en este caso el papel del caballo del lado izquierdo era clave, ya que era el guía del los otros tres equinos de la cuadriga y responsable de tomar las curvas sin perder velocidad y sin abrirse tanto como para perder ventaja o cerrarse tanto como para desestabilizar al carruaje o golpearse contra la spina. Fue en esta labor en la que el caballo Iluminator, perteneciente la cuadriga de Marcianus alcanzó, por su capacidad de liderazgo sobre sus compañeros y por ser artífice de las victorias de su auriga, el honor de pasar del anonimato a la inmortalidad en el espectacular mosaico que estamos comentando.

Otro gran auriga que llegó a alcanzar gran fama en todo el imperio fue el también hispano Cayo Apuleyo Diocles (siglo II d.C), que comenzó sus hazañas en el circo de Mérida, para luego actuar en el Circo Máximo de Roma. Allí se retiró rico y famoso a los 42 años, después de haber ganado la impresionante cifra de ¡1 462 carreras!. En este caso tenemos un auténtico campeón de campeones de la Antigüedad, que comparando en términos contemporáneos nada tendría que envidiar a Fernando Alonso, Michael Schumacher o el mismísimo Aryton Senna. La comparación puede parecer en principio un poco extraña, pero hay muchas más similitudes de las que pensamos; por ejemplo las cuadrigas estaban patrocinadas por una poderosos patricios cuyo nombre podía apreciarse inscrito en el carro. También eran normales las apuestas en las que particulares se jugaban importantes cantidades de dinero. Los accidentes también eran frecuentes, para cuya prevención los aurigas llevaban en su cinturón un puñal para cortar las riendas en caso de peligro inminente.; como botón de muestra de la peligrosidad de las carreras, y a pesar de ser una representación baste mencionar que en el rodaje de Ben-Hur, en la escena de cuadrigas, hay un momento que cae un auriga del carro y muere. Pues bien, ese actor murió de verdad, puesto que al caer se metió debajo de las ruedas del carro y fue atropellado. Los carros ostentaban colores diferentes que los hacían fácilmente identificables por sus seguidores: rojo, blanco, verde o azul eran los más frecuentes, despertando auténtico fervor entre la multitud enloquecida.
Con la decadencia del Imperio este tipo de espectáculos desapareciendo, en parte por la penuria económica y social y también porque la nueva religión cristiana predominante los consideraba paganizantes, si bien hay que decir que siguieron existiendo en el Imperio Bizantino heredero de la Antigua Roma, con una importancia bastante significativa y levantando pasiones entre las masas. En ocasiones estas pasiones no eran otra cosa que el reflejo de las tensiones sociales de aquella sociedad, llegando a producir altercados gravísimos. Por ejemplo, en la propia capital del Imperio, Constantinopla, en el 532 d.C se producen gravísimo incidentes a causa de la subida de impuestos; los seguidores de las facciones verdes y los de la azul se une en contra de las autoridades ocasionando un sangrienta revuelta que a punto estuvo de costarle el trono al emperador Justiniano y causando enormes saqueos y destrucciones en la ciudad, pero eso ya es otra historia…

En definitiva las carreras de cuadrigas romanas no son más que una muestra más de cómo el caballo ha sido compañero del hombre a lo largo de los tiempos, compartiendo con él sus triunfos y sus derrotas, sus grandezas y sus miserias, y cuyo papel, como es lógico ha ido evolucionando de manera distinta según la civilización a la que pertenecieron. Conocer su papel en cada momento no es ni más ni menos que una aportación interesante para conocer la cultura, creencias, mentalidad y economía del devenir humanos a través de los tiempos.



Mosaico de la cuádriga donde aparece Iluminator, a la derecha.




Interior del Museo Romano de Mérida.




*Articulo publicado en la revista El caballista, editada por la peña Júpiter en abril de 2012.

Piether Brueghel el Viejo y la Navidad.

No es un pintor exclusivamente de Navidad pero la supo plasmar tal y como se vivía en su época, con sus costumbres y su religiosidad popular. El pintor flamenco Piether Brueghel, llamado el Viejo (1525-1569) desarrolla su vida y obra en su tierra natal denominada genéricamente Flandes. Dicho territorio abarcaría a las actuales Bélgica y Holanda. Ligados a inicios del XVI a la monarquía hispánica gracias a la enorme herencia recibida por Carlos I de España y V de Alemania, los territorios flamencos habían experimentado durante toda la Baja Edad Media un formidable desarrollo mercantil y manufacturero basado en los paños que dio lugar a la consolidación de la burguesía de ciudades como Amberes, Ypres, Bruselas, Amsterdam, Brujas o Lieja, por nombrar algunas de las más significativas alcanzando unas cotas de riqueza y bienestar muy superiores al resto de Europa, muy similares a las ciudades también mercantiles y manufactureras del norte de Italia. El auge de estas ciudades burguesas orgullosas de su prosperidad y ansiosos de adquirir y patrocinar obras de arte hizo que ya desde el siglo XV empezara a descollar una magnífica escuela denominada de los primitivos flamencos, ya de rasgos renacentistas y cuyos algunos de sus principales nombres son Robert Campin, Roger van der Weyden, Jan van Eyck, o el enigmático Hieronymus Bosch más conocido como El Bosco. Esta magnífica escuela de pintores tendrá como continuador ya en el convulso siglo XVI flamenco a Piether Brueghel el Viejo.
La extensa obra de Brueghel viene caracterizada por transferir la imagen idealizada del hombre renacentista a la imagen costumbrista de los campesinos. (La cosecha, Boda campesina) Con rasgos que a veces recuerdan a la pintura del Bosco (El triunfo de la muerte , La torre de Babel…),sus cuadros reflejan un sentido mordaz, burlón y tragicómico de la vida. Pero el motivo que me ha llevado a hablar sobre este gran pintor es como trató la Navidad. No es que tratará todos los pasajes bíblicos que hacen referencia a la Natividad de Cristo, pero los que plasmó en sus cuadros desprenden una dulzura y una sencillez campesina que bien nos pueden mostrar una instantánea de aquella sociedad y de cómo se percibía esta celebración cristiana de la cual tal hayamos perdido un poco el norte de su sentido en la sociedad actual. Los pasajes bíblicos plasmados no son muchos, sólo cuatro; La huida a Egipto (1563) La Adoración de los Reyes Magos (1564), Masacre de los Inocentes, (1565) y Censo en Belén (1566), pero al contemplar dichas obras en la actualidad podemos percibir esa imagen idealizada, casi infantil de un villancico navideño.
Cronológicamente, según el evangelio de San Mateo, la primera secuencia sería Censo en Belén. Brueghel sitúa este episodio en su Breda natal, mostrando la vida del pueblo llano en invierno. Y en medio de este nevado escenario de gentes sencillas, como una más, se puede ver la silueta de la virgen María, ya en avanzado estado de gestación a lomos de una burra y acercándose a la casa donde se arremolina la multitud para inscribirse en el censo.
Escenario muy similar es el que recoge Masacre de los Inocentes , pero con una temática bastante más cruda; soldados ataviados a la manera de la época a pie y a caballo llevan a cabo las criminales órdenes dadas por Herodes en un paisaje también nevado y con las construcciones típicas de los Países Bajos enmarcando la acción en la que se puede ver a multitud de estos soldados y a madres y padres intentando defender a sus hijos de tan fatal suerte.
La Adoración de los Reyes Magos llama la atención por los rasgos con los que el pintor caracteriza a los personajes, rasgos casi grotescos de los que no se libra ni el propio San José ni los tres Reyes Magos. La cohorte de soldados que los acompaña lucen armas propias del XVI y llama la atención el atuendo del rey Baltasar, propio de los indios americanos.
La huida a Egipto plasma una naturaleza grandiosa, recreándose en un espectacular paisaje al que da profundidad con la técnica del “sfumato”. En medio de tanta grandiosidad se puede ver en primer plano a la Sagrada Familia; Cristo recién nacido en brazos de María y un sufrido San José representado como un atuendo campesino que tira de la obstinada burra en medio de un paisaje con una atmósfera de divinidad que no hace sino resaltar la grandeza y a la vez sencillez de Cristo; es una naturaleza que no tiene nada de hostil, sino que parce que agua tierra y aire estén celebrando la Buena Nueva.



Sería difícil señalar las obras más importantes de Brueghel, debido a su alta calidad, número de las mismas y variedad temática. Pero lo que si es seguro es que supo plasmar en escenarios y personajes contemporáneos el sentido más profundo de la religiosidad de la época y sus costumbres.


Física o Química.

Dentro del elenco televisivo escasamente educativo y transmisor de valores (quizás decir contravalores sería más correcto) destinado a nuestros jóvenes destaca desde hace varias temporadas la serie de Antena 3 Física o Química. No escribiría estas líneas refiriéndome a la misma, ya que tal y como está el patio televisivo es uno de los muchos bodrios con los que nos deleitan las ondas catódicas si no llamara la atención desde sus inicios por un motivo nada loable; la desfiguración total y desprestigio de los docentes y de la juventud que se muestra en este espanto televisivo.
La clave de su éxito entre el público al que va dirigido, adolescentes en su mayoría (aunque también alguno más entradito en edad) tiene los ingredientes típicos en este tipo de series de las cuales la pionera fue allá por los noventa la estadounidense Sensación de vivir, de enorme éxito y emitida por Tele 5 (¿el inicio de una espiral descendente en programación de calidad?). El argumento en cuestión era la vida de unos chicos y chicas de clase media-alta de Beverly Hills (una de las zonas más caras y exclusivas de Los Ángeles) que más que adolescentes parecían casi treintañeros y entre los que por supuesto no había ningún bajito, calvo o entrado en kilos. La vida que llevaban era superchupi y de color de rosa; unos padres ultracomprensivos y enrolladísimos , conducían unos cochazos , eran excelentes estudiantes, hacían surf en las playas de California y eran los más populares de su mundillo. Como se puede ver lo que transmitía no era precisamente muy realista, cuestión que a un adulto le puede parecer obvia y evidente, pero no tanto a los adolescentes, grupo de edad susceptible de empaparse de todo tipo de influencias.

Casi dos décadas después muchas han sido las series de este tipo emitidas en televisión, tanto españolas como estadounidenses, pero a lo que voy es a hablar, como anuncia el artículo es de Física o Química. Y el motivo que me lleva a ello es la queja el reproche y la indignación con algunos de los contenidos, mensaje y valores que estos guionistas salidos de no sé donde tienen a bien ofrecer a nuestros adolescentes. La historia se desarrolla en torno a la vida personal de profesores y alumnos de un instituto de secundaria privado llamado Zurbarán (no sé que tendrán los guionistas contra el pintor sevillano del XVII), donde al parecer se hace de todo menos dar clase y sólo es un punto de encuentro. Parece en principio lógico en una serie de entretenimiento y tampoco hay que echarse las manos a la cabeza por ello. Lo que resulta deplorable es el ejemplo y los patrones de comportamiento que se dan a nuestros jóvenes. Pongo como botón de muestra algunos de ellos (me he tragado algunos fragmentos on-line para hablar con conocimiento de causa, no sin bastante cabreo); en una clase una adolescente con muchos aires interrumpe a una profesora (de Filosofía, creo) en plena explicación alegando que su explicación “tiene tufo a facha”. A una nueva profesora de Literatura que echa a un alumno de clase por faltarle al respeto, el individuo en cuestión le responde “¿tú y cuántos más?”. En otra clase literalmente un alumno exclama sobre una compañera “¡que Remedios sea virgen si que es mágico, con lo buena que está!”; los alumnos por consenso “democrático” deciden boicotear la clase de la nueva profesora de Filosofía porque no les gusta su método de dar clase, entre otras lindezas además de la continua actitud desafiante y falta de respeto a los docentes y entre ellos mismos.

El desprestigio hacia el profesorado es también continuo en el bodrio; se nos presenta como “colegas”; es una constante en la serie las relaciones sexuales entre profesores y alumnos; uno de los profesores es adicto a la cocaína y parece que su ocupación última es trabajar e impartir conocimientos. Nada más que nos faltaba esto.

Escandaloso sobre todo es que una serie destinada a un público adolescente cuya calificación moral es en teoría para mayores de trece años tenga un contenido sexual tan explícito, contenido además tratado con una frivolidad y vulgaridad dignas de Belén Esteban (lo del éxito de esta señora es de análisis también). Un ejemplo; un chico entra en un bar insultando a su compañera de clase con calificativos como “guarra” y acusándola de haberle pegado la gonorrea. Y es que las escenas más que subidas de tono son una constante en este insulto televisivo; dos alumnas y una alumno forman un trío; una alumna deleita con streptease a sus compañeros en un descampado mientras ellos la miran desde coche; se practica sexo en los baños del instituto; los protagonistas celebran una “fiesta” en una vivienda con bebida y todo tipo de drogas y cuyo objetivo poco dista al de las orgías romanas.

El daño a la ya maltratada figura del profesorado, el encasillamiento y desfiguración de la imagen de la juventud en unos roles de depravación y falta de valores alarmantes así como el sistemático falseamiento de la realidad parece que son las consignas del invento mediático. El impacto es especialmente grave si se tiene en cuenta que el bodrio va dirigido a una población en una franja de edad fácilmente influenciable y susceptible de absorber ciertos roles y costumbres aliñado con la saña con la que se ataca a la figura del profesor. Los ejemplos mostrados son sólo una mínima parte de unos nocivos contenidos que muchos de nuestros adolescentes asumen ensimismados, no siendo los únicos que otros programas tan poco edificantes como Gran Hermano, Mujeres y hombres y viceversa o Sálvame ofrecen. Si estos son los valores que priman en nuestra sociedad y de los que nuestros jóvenes se empapan tras inmensas ingestas de sesiones televisivas que no nos extrañen los resultados y las consecuencias. De aquellos polvos vienen estos lodos, que diría el refranero español.

Dedicado a mis compañeros maestros y profesores en estos difíciles momentos.
 
 
*Este artículo fue publicado en febrero de 2011 en el periodico comarcal "El Noroeste". Dos años después, y aunque la serie ya no se emite la sociedad española sigue sumida en una profunda crisis economica, social y moral. Me gustaria lanzar desde mi modesta posición un mensaje de apoyo y esperanza a todas las personas que están pasando por dificultades en estos momentos, así como transmitir que una educación publica de calidad que se base en la excelencia y en esfuerzo es el camino hacia una nación mejo; más preparada, solvente económicamente y con ciudadanos criticos y exigentes con los poderes publicos.

El castillo de Trim.

El pasado mes de agosto y casi por sorpresa tuve la inmensa suerte de visitar el castillo de Trim, en la región de Meath, Irlanda, conocido por ser uno de los escenarios en los que se rodó la famosísima película Braveheart, de Mel Gibson (1995). La familia que me acogía me dijo que íbamos a pasar allí el día; yo ya intuía que se trataría de un lugar interesante de visitar, uno de los muchos que tiene Irlanda, pero como conocedor y apasionado de la Historia no esperaba el complejo medieval tan impresionante que allí me iba a encontrar y el buen sabor de boca que me iba a dejar el lugar.
El castillo fue erigido originalmente en madera por el noble anglonormando Hugo de Lacy en 1172. En 1175 fue construida la impresionante torre del homenaje en piedra y cuyo magnífico estado de conservación se debe a su diseño cruciforme, excelente ejemplo de la arquitectura militar de la época, aunque fue ampliada en el siglo XIII. Enclavada en el centro del recinto amurallado, en dicha torre se concentraban todas las funciones domésticas y administrativas del castillo; proporcionaba alojamiento al noble y su familia, contenía distintas dependencias como una sala de recepciones, habitaciones o una capilla y además contaba también con sótanos, almacenes y mazmorras. No pude evitar al estar bajo la sombra de la mastodóntica construcción de piedra recordar algunas imágenes de la película Braveheart, así como imaginar como sería la vida cotidiana de sus moradores.
En cuanto a las murallas del castillo hay que decir que son un claro ejemplo de optimización del entorno para facilitar la función del castillo, es decir, fundamentalmente la defensa; la construcción reposa sobre una colina y el lado norte está cubierto por el río Boyne, mientras que las tierras bajas del lado suroeste eran pantanosas y tendían a inundarse con facilidad. Rodeadas por un foso que podía llenarse de agua gracias a un sistema de presas que tomaba el agua del río, estaban articuladas por torres defensivas en forma de “D”. La parte superior de los muros aguantaba plataformas de madera hacia la cara interior del recinto que constituirían caminos de ronda para realizar las funciones de vigilancia y para defender el recinto en caso de ataque. Por supuesto en el interior de las murallas había otras construcciones necesarias para la actividad necesaria en el castillo de un señor feudal, aunque ya desaparecida; barracones para la tropa, graneros y cuadras, entre otras.
Realmente espectacular es también el conjunto de la antigua villa medieval, si bien casi no queda nada, aún se conservan bien los zócalos del la muralla que la protegía y un puente de piedra que cruza el caudaloso río Boyne, sobre todo para alguien que viene de estos lares del Sureste de España, así como una torre gótica, presumiblemente por su decoración construida entre finales del siglo XIV y el XV. Dicha torre, de considerable altura se encuentra casi en ruinas, aislada, siendo el único elemento que queda de una anterior iglesia y llena de cavidades donde anidan los cuervos, creando junto al verde paisaje un magnífico escenario, con el río Boyne y el castillo al fondo. Se trata de un ambiente casi mágico que nos transporta a otra época, una atmósfera que en los frecuentes días de niebla que allí se dan parece sacada de un cuadro del pintor romántico Fiedrich, quien se recreaba en las leyendas, lo misterioso de las ruinas y lo salvaje de la naturaleza.
Es Trim uno de los muchos lugares encantadores que tiene la Irlanda rural para visitar y disfrutar. Paseando por las calles del pueblo se puede disfrutar de la arquitectura típica del país (coloristas viviendas de dos o a los sumo tres pisos), charlar con los lugareños (los irlandeses son por lo general bastante educados y amables) y por supuesto de una pinta de Guinnes en los típicos pubs de madera, con música en directo incluida. Un lugar más, en un país amable, de cuento, con unos paisajes bellísimos, que invita a soñar con leyendas de druidas y míticos reyes y que ha sido llamado con razón “la isla verde”.
                                         
                                                                     Perspectiva del castillo.

                                         
                                                                                    La torre del homenaje.



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                                                                         Río Boyne