En la música, el cine, la literatura, la pintura u otras artes hay personajes que van
más allá de lo que es exclusivamente la disciplina a la que se dedican o por la que
son conocidos. Suelen ser personas polifacéticas con una serie de habilidades por
encima de lo común, que tocan varias ramas del saber con maestría. Si hablamos
de la música actual, en concreto del heavy metal, este excepcional perfil se encarna
en la persona de Bruce Dickinson, cantante de la celebérrima e icónica banda
británica Iron Maiden. Nacido en 1958, recoge las esencias de lo anteriormente
expuesto. Si me perdonan las comparaciones, sería una especie de hombre del
Renacimiento actual, es decir un humanista docto en varias disciplinas. Este titán
del escenario, con sus idas y venidas de Iron Maiden ha sido capaz de ejercer y
desarrollar otras facetas como la de escritor, historiador, catedrático universitario,
empresario, piloto de avión y esgrimista, entre otras. Llama la atención la disparidad
de saberes y el tiempo y el esfuerzo necesarios para llegar a tocar tantos palos con
éxito. Como anécdota, señalar dos datos sobre algunas de sus facetas; representó
a su país en la copa europea de esgrima de 1980 (estuvo cerca de ir a los Juegos
Olímpicos) y a menudo pilota el avión de la banda en sus giras por el mundo (el
llamado Ed Force One). Bruce Dickinson, uno de los vocalistas más famosos de la
historia del metal y su compañeros Adrian Smith, Steve Harris, Dave Murray y Nicko
McBrain, nos han deleitado con el paso de los años, no solo con temas banales y
más típicos del mundo del rock, lo han hecho sobre todo inspirados en temas
históricos, filosóficos o literarios; por ejemplo la versión de Rhyme of the ancient
mariner, del poeta decimonónico inglés Samuel T. Coleridge es una hermosísima
oda a la naturaleza y la necesidad de cuidarla, entre otros muchos ejemplos. Los
que tuvimos la suerte de presenciar la actuación de estos mitos vivientes el pasado
4 de julio en el festival Rock Imperium de Cartagena dimos cuenta y disfrutamos
como niños de esa y otras obras maestras de una banda que cumple ya más de
medio siglo en los escenarios, y que transmite a sus fans una energía indescriptible
y una pasión contagiosa que ya pasa incluso de abuelos a nietos. Que Dios le dé
vida por muchos años a esta banda que a tantos y tantos ha tocado el corazón con
su música.
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